1995 – 2033: ¿Los años felices?

Que “todo tiempo pasado fue mejor” es una cosa que podemos desvirtuar fácilmente hasta ahora. Si se toma un lapso suficientemente largo de tiempo, vemos como la Humanidad en su conjunto ha avanzado en términos generales. El mundo es, sin duda, mejor hoy que hace 100 años (y mucho mejor que hace mil años) tanto en lo económico como en lo político como en lo social. Sin embargo, puede ser que aquel dicho empiece a ser más verídico en el futuro cercano.

La sabiduría de los ciclos nos sugiere que nada puede mejorar o empeorar para siempre debido a dos reglas naturales básicas:

  • Regla #1 – Todo en la Naturaleza tiene un comienzo y un fin.
  • Regla #2 – Todo en la Naturaleza es cíclico mientras dura su existencia.

Sabemos, o al menos aceptamos, que el planeta Tierra tuvo un principio en un pasado remoto y tendrá un fin en un futuro (probablemente también remoto). Y es de esperarse que a la Humanidad le aguarde el mismo destino. Se cree que la Humanidad comenzó a estar sobre la Tierra mucho tiempo después de que el planeta empezara a existir y seguramente la Humanidad se extinguirá de la faz de la Tierra mucho antes de que el planeta desaparezca por completo (a menos que un extraordinario cataclismo acelere el curso natural de las cosas). De esa manera la Humanidad cumple con la regla #1.

Ahora bien, la Humanidad no puede estar exenta de la regla #2. Y si aceptamos que hasta ahora en términos generales, la Humanidad ha tenido un gran superciclo de mejoramiento desde sus orígenes con una espectacular aceleración en los últimos 100 años (causando un aumento considerable en la esperanza de vida de los seres humanos y también en parte causando el gran aumento poblacional en el planeta), es de esperarse que en algún punto deba comenzar un superciclo descendente donde probablemente la esperanza de vida y el número de humanos sobre la Tierra comiencen ambos a descender.

Uno puede ser optimista y pensar positivamente creyendo que la Humanidad no parará de mejorar nunca. Que a medida que avancemos estaremos en capacidad de colonizar otros planetas con lo que el aumento poblacional, la escasez de agua o el agotamiento de recursos no renovables dejará de ser un problema. Que a medida que nos acerquemos a la singularidad tecnológica estaremos también más cerca de tener una esperanza de vida mucho más larga (e incluso indefinida) al tener la posibilidad de aislar nuestra conciencia de nuestro cuerpo para poder exportarla hacia otro cuerpo más joven creado en un laboratorio o hacia máquinas que nos permitirán vivir casi eternamente como cyborgs.

Los humanos casi siempre hemos estado convencidos, por alguna arrogante razón, de que podemos saltarnos las reglas naturales sin consecuencias graves. Somos capaces de desviar el cauce de un río inundando regiones enteras para construir represas o carreteras que necesita nuestra población, o de aprobar leyes de adopción homoparental, o de experimentar con manipulación genética. No hay problema, incluso si se va demasiado lejos. Parecemos asumir que estamos por encima de la Naturaleza y que no hacemos parte  de ella.

De alguna manera, eso es entendible. Nuestra inteligencia impulsa la curiosidad que nos lleva a experimentar. Pero a veces vamos tan lejos con una arrogancia tal que hace que las potenciales consecuencias sean ignoradas o minimizadas. En la soberbia mente de muchos, la Naturaleza sólo son plantas y animales a nuestro servicio y cualquier cosa negativa que pase debido a nuestra intervención podrá ser neutralizada con el tiempo (algo se nos ocurrirá, porque somos muy inteligentes y cada vez lo seremos más).

Pero la realidad es que los humanos somos parte de la Naturaleza y estamos subyugados a sus reglas. Al igual que las plantas, que el resto de los animales y que las mismas piedras.

La regla #2 en algún momento comenzará a cumplirse. Y probablemente ya estamos en la cumbre del superciclo de mejoramiento.

¿Cómo saber con certeza que estamos ya en la cumbre? Es imposible, al menos para alguien que no tenga acceso a  un conocimiento superior. Pero hay algunas claves que así lo indican, en especial 3:

  • Un casi agotamiento del modelo económico basado en el interés compuesto y la escasez (cuanto más escaso un bien, más valioso es), modelo que con el tiempo ha generado una economía mundial sostenida por enormes cantidades de deuda que siguen creciendo día a día y que son prácticamente impagables por los Estados. Una economía que se ha convertido en una especie de farsa de la que todos en alguna medida estamos conscientes pero que preferimos ignorar (y profundizar) al no hallar una solución realmente práctica e indolora.

 

  • Una acumulación de tensiones entre modelos políticos al fracasar rotundamente el intento de imponer la Democracia en todo el mundo (a pesar de sus claras ventajas) como consecuencia de la naturaleza humana que siempre alienta pugnas por el poder y el dominio sobre otros en vez de privilegiar el pragmatismo. Con el agravante de tener superpotencias con armas nucleares en todos los bandos enfrentados.

 

  • Un cambio climático con componentes naturales y artificiales agravado por un, cada vez más evidente, agotamiento de recursos no renovables junto a una inminente escasez de agua potable, elemento vital para la Humanidad sin el cual ninguna sociedad podrá seguir mejorando por mucho desarrollo tecnológico o científico que se alcance.

Sólo es cuestión de tiempo para que nos enfrentemos a la depresión económica más grande de nuestra historia (que hará parecer a la de los años 1930s como una simple recesión) y a una guerra nuclear entre potencias buscando un escape ante el callejón sin salida financiero en el que han entrado. Si a eso le sumamos un posible cataclismo natural, ya sea una tormenta solar de grandes consecuencias, o algún otro golpe proveniente del Cosmos (por ejemplo un meteorito), o nefastas consecuencias para la vida humana derivadas de cosas como el aumento del nivel del mar, la falta de agua potable o una rápida sucesión de grandes sequías y tormentas, entonces el superciclo descendente se hace más inminente, así insistamos en la actualidad en seguir enterrando la cabeza como el avestruz, pensando que tal vez cuando todas esas cosas pasen ya habremos muerto.

Con todo aquello, y si tenemos en cuenta que la colonización de otros planetas o el dominio total de la ciencia sobre el ciclo de la vida todavía están bastante lejanos, podemos intuir que nos encontramos en un punto de inflexión que probablemente comenzó a mediados de la década de los años 1990s (cuando la globalización y la revolución informática iniciaron una etapa bastante determinante) y terminará  a mediados de los años 2030s (fecha para la cual los estragos de nuestros problemas actuales nos habrán afectado ya de manera muy importante).

No se trata de ser apocalíptico sino pragmático. No hay que sucumbir al miedo ni dejar de vivir nuestras vidas porque, al fin de cuentas, este superciclo descendente que se avecina será gradual y no algo que ocurrirá de la noche a la mañana, por lo que no vale la pena empezar a correr y gritar que el “cielo se está cayendo”. Pero si debemos tener conciencia  de eso para buscar una pronta reconexión con la Naturaleza y dejar nuestra prepotencia a un lado antes de ser humillados (y algunos dirán que castigados) cruelmente por ella.

Sea lo que sea que pase, creo que en el futuro, los Humanos de aquellas épocas distópicas hipertecnológicas (pero al mismo tiempo decadentes), miraran estos años con envidia y nostalgia de nuestra irresponsable y despreocupada interacción mundana; y a pesar de todos nuestros problemas actuales, la nuestra les parecerá una vida mucho más feliz comparada con la de aquel tiempo donde seguramente estarán rodeados de mucha tecnología pensada más para el control social que para el bienestar, viviendo con una austeridad y psicorigidez que incluso la propia felicidad de la gente puede que sea programada y controlada por inteligencia artificial o por diseños de laboratorio. Será un mundo gris y tal vez un poco aburrido desde nuestro punto de vista, donde la tecnología controlará todo aspecto de nuestras vidas y el desperdicio de energía o recursos será impensable debido a la tendencia descendente del planeta. Cuando miren hacia atrás y vean este mundo que existió entre 1995 y el año 2033, será similar a cuando algunos viejos recuerdan su irresponsable juventud con nostalgia y darían lo que fuera por volver a vivir un día de aquellos años felices.