Alondra o búho: Ajustando el ciclo circadiano

Como todo en la Naturaleza, nuestro cuerpo tiene sus ciclos biológicos internos (entre ellos los ciclos circadianos) que presionan la necesidad física de alimento, sueño o actividad. Dichos ciclos son los que determinan horarios corporales que nos hacen sentir somnolientos a algunas horas del día y muy activos en otras. También dichos ciclos crean acondicionamientos físicos que nos hacen sentir hambre a la hora en la que acostumbramos a comer el almuerzo (incluso si el desayuno ha sido abundante) o que les sea muy difícil a algunas personas comer sólidos pocos minutos después de que se despiertan.  Podría decirse que , en términos generales, algunas personas tienden a ser búhos (se les facilita más trasnochar que madrugar) y otros tienden a ser alondras (prefieren madrugar).

Los ciclos circadianos, sin embargo, son más flexibles de lo que muchos piensan. Y manipulables. Cambiarles, aunque requiere un cierto esfuerzo físico y mental, es simplemente una cuestión de constancia para crear el hábito. Por supuesto, dentro de los límites que nuestro cuerpo puede manejar. Si, por ejemplo, alguien pretende cambiar sus ciclos circadianos para poder dormir solamente 3 horas diarias con el fin de trabajar más, pues es lógico que le será muy difícil teniendo en cuenta que nuestro cuerpo parece haber sido diseñado para dormir entre 6 y 10 horas diarias, dependiendo de la edad y el organismo propio de cada persona.

Dicho esto, personalmente siempre me la he pasado conmutando entre ser búho y alondra por cuestiones de trabajo.  Algunas temporadas madrugo cuando aún está oscuro y otras llego a trabajar hasta las 2, 3, 4 de la madrugada… o incluso, “sigo derecho” hasta empatar con la salida del sol del nuevo día.

Sin embargo, por cuestión de salud, la mejor determinación que uno podría tomar con sus horarios cotidianos es regularizarlos. A la Naturaleza en general no le gustan los cambios bruscos y la incertidumbre (aunque a veces así lo parezca). Es mejor decidirse por un estilo de vida imperante: Ser más alondra que búho o viceversa.  De lo contrario podemos terminar con problemas de energía física al desajustar tanto nuestro reloj interno que el cuerpo se aloca haciéndonos entrar en un estado permanente de medias tintas físicas: Nunca estamos  tan cansados como para poder conciliar un sueño profundo y saludable, pero tampoco estamos tan llenos de vitalidad como para dedicarnos a trabajar o cualquier otra actividad con la suficiente energía. Los extremos nunca son buenos, pero ese estado permanente y mediocre de tibieza puede llegar incluso a ser peor.

Con el fin de regularizar mi horario interno, últimamente he monitoreado con mucho cuidado las reacciones del cuerpo al estilo de vida “alondra” y también al estilo de vida “búho”. No es que quiera decir que uno sea mejor que el otro. Supongo que para cada persona es diferente. Pero estas son las ventajas y desventajas que encuentro:

Ventajas de ser búho

1- En general crear el hábito de acostarse tarde es más sencillo. Las ayudas por cuenta del café, luz artificial fuerte, música (que no cause somnolencia), comer tarde, etc, son bastante buenas.

2- Trabajar en la noche y la madrugada suele ser productivo al no tener muchas distracciones (no suenan los teléfonos, no llegan mensajes instantáneos, no llegan e-mails urgentes, no hay visitas/reuniones inesperadas, las interrupciones normales de la gente con la que vivimos o trabajamos son casi nulas, etc.).

3- Confieso que siento un gran placer al irme a acostar a las 3 o 4 de la madrugada habiendo terminado algún trabajo y con la posibilidad de dormir al siguiente día hasta el mediodía. Además, conciliar el sueño a esa hora me parece mucho más sencillo.

4- La quietud y la temperatura fresca de la noche pueden ayudar a la concentración. Claro, a no ser que se viva en un clima demasiado frío.

 

Desventajas de ser búho

1- Ojeras. Rostro cansado. Bostezos permanentes. Parece que dormir hasta las 10 o el mediodía no compensa para nada el hecho de irse a la cama demasiado tarde.

2- Ganas de quedarme en la cama todo el día viendo TV, navegando Internet improductivamente o simplemente desperdiciando el tiempo. Se pierde entonces lo que supuéstamente se ganó en la noche.

3- Sensación de que el día se acaba muy rápido. En ocasiones me produce angustia.

4.  Aburrimiento. Un cierto nivel depresivo. No siempre me pasa, pero trasnochar a veces puede ponerme un poco bajo de animo a nivel emocional.

5. Dormir de día a veces es demasiado difícil por las cosas obvias: Luz solar, ruido, calor, hambre.

 

Ventajas de ser alondra

1- Al levantarse bien temprano, se puede conseguir un cierto nivel de productividad muy parecido al de trasnochar, pero con la gran ventaja de que el cuerpo está descansado, fresco y la mente despejada.

2- Es más natural. No me siento como drácula o un ser gótico-bohemio que odia al Sol.

3- Los horarios para comer no se trastornan. El desayuno, almuerzo y comida se hacen a horas “normales” y es más fácil regularizarlos con el consecuente beneficio para la salud.

4- Por supuesto, es más fácil armonizar los horarios con las reuniones de trabajo o compromisos cotidianos.

5- Los bostezos, ojeras y el rostro cansado son mucho menos persistentes.

6- En general me siento mucho mejor emocionalmente que cuando trasnocho.

 

Desventajas de ser alondra

1- Madrugar es duro… los primeros 3 meses.

2- No se me ocurre más.

 

Mi veredicto personal: Me va mejor con el estilo de vida “alondra” que con el de “búho”. Por eso, a no ser que haya una necesidad extraordinaria de trabajar hasta tarde, ahora mejor madrugo todos los días… incluso en los días en que no hay que trabajar. El hábito es muy importante.