Cocaína en la tienda. ¿Deberían las drogas ser legales?

Tal vez no haya una guerra más fracasada que la guerra antidrogas. Muchos años y millones de dólares después de su inicio, el consumo sigue sin reducirse significativamente (y aumenta en varios casos), mientras la violencia derivada del narcotráfico sólo es desplazada de un lugar a otro (de Colombia a México por ejemplo) dejando a su paso decenas de muertos cada mes, grupos organizados de mafiosos con horribles métodos de ajustes de cuentas y, lo que es peor, un buen número de jóvenes alienados por la cultura del dinero fácil y el lujoso y excesivo estilo de vida de los narcos. ¿Vale la pena tanto esfuerzo?

¿Deberían las drogas ser legales? ¿Deberíamos poderlas comprar libremente en algún establecimiento comercial igual que se hace con el licor y los cigarrillos? La respuesta objetiva más racional es clara: Sí.

En primer lugar, el Estado no debe legislar en el cuerpo de las personas, salvo para proteger los grupos más vulnerables que no están preparados (como los niños y adolescentes). El Estado no debe intervenir cuando alguien en su adultez y libre albedrío, decide que quiere infectar su cerebro con una sustancia cuyo uso prolongado puede generarle problemas serios. Es lo que pasa con el que decide tomarse muchos tragos o fumar muchos cigarrillos. O el que decide prostituirse para ganar dinero. Cada cual es libre de hacer de su cuerpo un santuario o una cloaca.

Ahora bien, las cosas no son tan sencillas y todo necesita de una regulación adecuada para evitar el libertinaje que lleve eventualmente a un colapso social de algún tipo.

Como se dijo arriba, el principal objetivo de la regulación en un eventual mercado libre de compra y venta de drogas debe ser, no el final del narcotráfico que de cualquier manera sería una buena consecuencia natural y orgánica, sino la protección de los menores de edad ante un peligro tan grande como el uso temprano de las drogas que puede arruinar toda su vida al no estar preparados para manejarlo de una manera responsable cuando ni siquiera muchos adultos pueden hacerlo.

Y es en el tema de la regulación donde me surgen grandes dudas. Al menos por parte del Estado de Colombia que es donde vivo.

Es muy molesto que aún hoy en día, el Estado colombiano ni siquiera tenga una regulación fuerte para proteger a los menores de edad del consumo de alcohol y cigarrillos (¿qué podemos esperar entonces en un escenario de venta libre de drogas?). ¿Cómo es que en 2015 no es causa de penalización (al menos multas) el fumar cigarrillos o consumir bebidas alcohólicas en la vía publica a la vista de todo el mundo, especialmente de los menores de edad quienes se exponen a ese “estilo de vida” permeado por el alcohol y el tabaco desde muy pequeños?

Claro, esto no pasa sólo en Colombia. Pero nos da una idea de lo que puede pasar si el consumo de drogas se legaliza en un marco de normas demasiado laxas: Personas “empolvándose” la nariz en el mismo parque donde juegan niños o donde vamos a pasear las mascotas; discotecas populares  (a veces muy frecuentadas por adolescentes) llenas de gente enloquecida, agresiva, excitada o demasiado eufórica como caldo de cultivo para generar más problemas de intolerancia; olores bastante particulares provenientes del transeúnte que pasa frente a la casa luciendo sin pudor su “dosis personal”… y un largo etcétera.

Algunos dirán que todas esas cosas ya ocurren sin haber legalizado la droga, pero el asunto aquí es que se necesita de una legislación más estricta que controle el uso del alcohol, tabaco y las -eventualmente legalizadas- drogas para evitar un desborde que genere problemas sociales que puedan convertirse en algo más grave que incluso el mismo narcotráfico.

La gente debe entender que el consumo de aquellas cosas es algo meramente personal y que al ser sustancias dañinas para el cuerpo y la mente humana, deben ser usadas con una prudencia extrema y con la mayor privacidad posible para no exponer a la gente que aún está en formación y es demasiado vulnerable: Los niños y los adolescentes.

Está muy claro que la guerra policial contra las drogas sólo se ganará legalizándolas para destruir el negocio de los narcotraficantes, pero aquellos discursos frecuentes en seminarios donde mucha gente “progresista” aboga por la inmediata legalización sin dedicar el suficiente tiempo para diseñar una regulación estatal que sea efectiva en la práctica , son hasta cierto punto utópicos y muy poco digeribles para sociedades como la latinoamericana o la estadounidense, las cuales tienen al menos algo en común: Son todavía demasiado puritanas-mojigatas… y me refiero aquí a la capacidad individual de sus ciudadanos para mantener abiertas sus mentes ante preferencias individuales de los demás, algo en lo que Europa lleva una enorme ventaja.

¿Por qué no empezar por atacar fuertemente el consumo de alcohol y cigarrillos en público? Incluso, la prohibición de cualquier tipo de publicidad de estos artículos debería ser contemplada.

Y en Colombia, ¿cómo se puede hablar siquiera de legalizar la droga cuando las bebidas alcohólicas patrocinan abiertamente a eventos e instituciones deportivas? Toca caminar y luego correr.