Colombia – La Paz de papel de Juan Manuel Santos

La mayoría de los colombianos queremos que cese el enfrentamiento entre el Estado y las guerrillas. Por eso, es absurdo acusarnos de guerreristas y apátridas a los que vemos con recelo y escepticismo el proceso de paz con las FARC.

Si lo vemos con recelo y desconfianza (al menos en el caso de los que no buscamos réditos políticos) es por las contradicciones, los pocos fundamentos y el camaleónico obrar del propio Presidente que ya sabemos que no es una persona confiable, pues como buen jugador de póker es muy listo y siempre está dispuesto a “hacer un farol” a nombre del Estado si es necesario con tal de lograr sus objetivos políticos y personales, e importándole poco las consecuencias nefastas en el largo plazo que sus compromisos adquiridos puedan acarrearle al país potencialmente.

Las FARC supongo que están al tanto de eso porque sus cabecillas son iguales o más astutos que Santos.

Este es un proceso de paz entre caimanes del mismo pozo. Un pozo llamado Colombia, donde mucha de su gente está acostumbrada a comportarse de una manera ilegal,  y donde frecuentemente la ética es simplemente un asunto secundario si el fin justifica los medios.

  • ¿De qué Paz estamos hablando cuando se negocia con gente que dice que no tiene dinero para reparar victimas mientras es conocida su relación con el narcotráfico (tal vez el negocio más lucrativo de la historia) durante muchísimos años y cuando justamente durante el proceso de Paz los cultivos de coca aumentan en el país?
  • ¿De qué Paz estamos hablando cuando estos criminales dicen que no se arrepienten de nada de lo que han hecho?
  • ¿De qué Paz estamos hablando cuando se polariza al país políticamente?
  • ¿De qué Paz estamos hablando cuando el proceso se lleva a cabo en tierra de dictadores comunistas para los que los derechos humanos, la Democracia o las libertades civiles son cosas despreciables?
  • ¿De qué Paz estamos hablando cuando el sistema de seguridad social del país está colapsado; el sistema educativo es tan de baja calidad que causa risa; y el hambre, el racismo y la falta de sanidad básica siguen siendo espantosamente grandes en la mayoría de las provincias mientras el Presidente se burla indolentemente de su pueblo diciendo que Colombia es un país de clase media?
  • ¿De qué Paz estamos hablando cuando uno de los garantes del proceso es un gobierno extranjero tirano que no respeta la Democracia, que ha humillado a los colombianos, que tiene en sus filas a narcotraficantes, que tiene a su pueblo aguantando hambre y que decidió unilateralmente cerrar la frontera con Colombia porque considera que los colombianos son la peor plaga del planeta?
  • ¿De qué Paz estamos hablando cuando Colombia es un país en donde hacer empresa es quijotesco por los altos impuestos y la desigualdad social es vergonzosa?

Ahora bien, el proceso de Paz se basa en la falacia de que no es posible derrotar 100% militarmente a la guerrilla y que entonces, para evitar más violencia y destrucción, es mejor la solución política. Y eso es una falacia porque la victoria institucional sí hubiera sido posible en el caso de que, aparte del combate militar, se hubiera hecho la inversión social necesaria durante estos 50 años para evitar que las filas de esas guerrillas siguieran engrosándose con gente cuya una de sus pocas opciones era enfrentarse a un Estado que los despreciaba.

Pero, igual, no es que esté mal la solución política ahora, pues no se puede retroceder el tiempo para hacer las inversiones sociales que no se hicieron en los gobiernos de las últimas décadas. Eso es mejor que seguir con este conflicto absurdo. Pero la forma en que se ha hecho es lo que genera el escepticismo de muchos colombianos.

Algunos dirán que la forma es lo de menos y que lo importante es el fondo o el fin supremo de la Paz. Pero creo que están equivocados. La forma en este caso si era importante porque es difícil que una verdadera Paz surja en medio de tanta desconfianza… y la confianza política tiene que ver mucho con símbolos y muestras de apego a la legalidad. Pero en el caso de este proceso se ha mostrado de muchas maneras un desprecio a la Democracia, a la institucionalidad y a la opinión de millones de colombianos que de una u otra forma también se han visto afectados por la guerra.

No me cabe la menor duda de que la firma definitiva del acuerdo de Paz va a lograrse, de que las FARC se van a volver un partido político y  de que la esperanza de muchos en este proceso se va a seguir afianzando. Pero la gran duda está alrededor de los compromisos adquiridos a largo plazo entre el Estado y esa organización criminal (de los cuales seguimos sin saber una gran parte); una organización para la que claramente la Democracia es un lastre -del que, sin embargo, pueden aprovecharse momentáneamente-, pues no han dado muestras de creer que sus ideales más sectarios hayan sido moldeados para estar acordes con el sistema democrático. Muy seguramente, para ellos el socialismo autoritario de algunas hermanas repúblicas o el comunismo siguen siendo las mejores maneras de gobernar, pues el capitalismo es la raíz de todos los males según su forma de pensar (aunque les gusta mucho la buena vida que el dinero puede comprar).

Por otra parte, no creo que los colombianos sean tan estúpidos de elegir un gobierno que quiera imponer abiertamente el socialismo tirano de Venezuela, Ecuador o Bolivia, pero esta gente no se va a presentar como tal y por eso, muchos colombianos sí van a ser engañados. Al menos por un tiempo, los nuevos “políticos” van a posar de demócratas atacando agresivamente las falencias sociales del gobierno de turno (en lo que tal vez tengan razón), dando discursos “humanistas” y populistas… y echándose al bolsillo a mucha gente del pueblo que está cansada de un Estado indolente; gente que quiere un real cambio y que está dispuesta a elegir a esos humanistas demócratas (que realmente no lo son). Es lo mismo que pasó en aquellos países, donde la gente estaba cansada de los políticos corruptos y elitistas, y donde ahora se ha convertido en un problema sacar del poder a los aprendices de dictadores porque, como buenos tiranos, creen que son los únicos iluminados que pueden gobernar y usan el populismo, la demagogia, los abultados ingresos por materias primas y el paternalismo del Estado como sus armas para seguir engañando incautos que intercambian su libertad política por dádivas o promesas insostenibles mientras el aparato productivo de sus países es destruido sistemáticamente.

Puede que esté equivocado con respecto a este proceso de Paz… y que bueno que fuera así.