Incongruencias y contradicciones políticas [Trump, Fidel, Inmigración, China]

Murió el dictador cubano Fidel Castro, conocido embaucador, asesino y opresor de su pueblo (y lo de dictador no es una opinión, es un hecho comprobado como la ley de la gravedad). El mismo dictador que había prometido, en el Manifiesto al Pueblo de Cuba en 1957, que se celebrarían “elecciones libres y democráticas” en la isla, que habría “libertad absoluta de prensa” y “libertad de todos los presos políticos”. Por supuesto, sólo eran mentiras de un tirano megalómano al que sólo  le interesaba el poder. Por eso es insultante y contradictorio que líderes de países democráticos como India, Francia, Colombia, Uruguay, Chile y México expresen oficialmente -y a nombre de sus Estados- tristeza por la muerte de este señor, especialmente cuando gracias a la Democracia están donde están. ¿Les gustan las dictaduras? ¿Les hubiera gustado nacer en la Cuba de Fidel donde no hubieran podido ser Presidentes? La cereza del pastel de la hipocresía es el sobrevalorado, inútil y encantador de serpientes Papa Francisco que al parecer está devastado con la noticia.

De otro lado, el controvertido Donald Trump -si bien es un fanfarrón- al menos está llamando las cosas por su nombre diciendo que Fidel Castro fue un “brutal dictador”. Una declaración firme y veraz en medio de tanta hipocresía política que hay en el mundo.

Es que hay demasiada incongruencia en los políticos y en la opinión  pública. Hay demasiada tibieza. Por ejemplo, hace poco, leía un tweet de una persona que sale en programas económicos de la cadena CNN como analista y que funge como defensor de la Democracia mientras ataca constantemente a la guerrilla colombiana de las FARC, al autoritarismo y a los que simpatizan con las dictaduras comunistas. El tweet expresaba mucha preocupación por una supuesta guerra comercial que Donald Trump podría desatar entre Estados Unidos y China para reducir el éxodo de (o repatriar) fábricas y dificultar la importación de baratijas chinas que destruyen los empleos de los estadounidenses (y de muchos más en países democráticos) mientras fortalece el poder de una dictadura. El hipócrita analista daba a entender que eso sería un error, el apocalipsis económico, una cosa que no podía permitirse. Para este señor entonces el amor por la Democracia sólo llega hasta donde no comprometa el statu quo del mercado y el comercio mundial que poco a poco le sigue entregando a los dictadores chinos el control de la economía global. ¿Acaso los que opinan como este señor no son capaces de imaginarse como se podría transformar las vidas de los que ahora vivimos en países relativamente libres y democráticos si la geopolítica de la mayor parte del mundo llega a ser dominada por la dictadura china después de poner de rodillas al planeta en el supuesto caso de que realmente llegara a convertirse en la más poderosa potencia económica sin rival cercano capaz de competirle? Hipócritas e incongruentes.

Por eso, cuando el mundo está acostumbrado a la hipocresía, cuando la gente está acostumbrada a que le mientan de la manera más descarada, y de repente aparece una voz fuerte por allí diciéndonos en la cara la cruda y fea realidad, entonces nos escandalizamos y empezamos a tratar de justificar nuestra indignación y a tratar de minimizar o satanizar aquella voz molesta que nos trata de hacer ver lo malos o tontos que somos, o lo engañados que estamos.

No sé si Donald Trump, aparte de fanfarrón, sea honesto (al menos políticamente) para cumplir todas esas cosas que prometió en campaña, pero si al menos cumpliera sus promesas relacionadas con China, sería excelente para el mundo democrático (en el mediano y largo plazo a pesar de los traumatismos que pueda generar en el futuro cercano). De todas maneras, su supuesta simpatía por el autoritario y mafioso ruso Vladimir Putin es algo también incongruente; creo que tampoco haya que esperanzarse mucho en Trump, pues Estados Unidos tristemente es cada vez más una corporatocracia donde los Presidentes no son tan autónomos como aparentan y en muchos tópicos se convierten en títeres de poderosas corporaciones globales que mueven los hilos y tienen al mundo como un simple escenario donde muchas cosas que pasan han sido premeditadas hasta en mínimos detalles.

Como hispano que soy, no sentí realmente un ataque de Donald Trump en su campaña presidencial contra la gente de bien de este subcontinente. Hay que ser pragmático y aceptar los hechos. Que Latinoamérica exporta traficantes de drogas, pandilleros y violadores a Estados Unidos, eso es una fea verdad, pero es verdad a fin de cuentas. Que se construya un muro para tratar de parar la inmigración ILEGAL (repito ILEGAL), es algo que un país soberano tiene todo el derecho de hacer en su territorio y eso no tiene por qué afectar la migración o el turismo LEGAL que llega por los aeropuertos o los puntos de cruce fronterizos oficiales (la gente que cumple las leyes no se va por el “hueco”).

Es claro que muchos latinoamericanos, que no son malas personas en términos generales, van a Estados Unidos (o se quedan) como ilegales debido a la necesidad económica o con la ilusión  de una vida mejor al menos desde el punto de vista material, pero el culpable directo de esto no es el gobierno de Estados Unidos ni Donald Trump, sino los incongruentes, hipócritas, corruptos, ineficaces (y en algunos casos) autoritarios gobiernos de sus respectivos países. Deberían indignarse más con esos gobiernos y menos con Donald Trump.

Entre otras cosas si hubiera más pragmatismo y menos incongruencia política en la gente, se elegirían seguramente mejores y más eficaces gobiernos en el mundo democrático, incluyendo por supuesto a Latinoamérica.