La inutilidad de la religión y dogmas impuestos por terceros

Para los miembros de una religión, hay poco espacio para el pensamiento crítico con respecto a sus creencias. Y desde un punto de vista pragmático las religiones son sólo creencias implantadas por alguien más. Generalmente no hay evidencias sólidas que respalden dichas creencias, sino conceptos abstractos respaldados por lo que llaman fe.

En mi opinión las religiones son totalmente inútiles e innecesarias. Una cosa es aquella especie de instinto que nos hace preguntarnos sobre lo trascendental y el propósito de la vida y otra cosa es la supuesta necesidad de practicar una religión. De hecho, las religiones lo que hacen es aprovecharse de ese vacío que llevamos en el interior al no poder auto-respondernos todas esas preguntas trascendentales. Ese vacío debe llenarse con algo, muchos lo hacen con la religión, pero también podría llenarse de creencias personales basadas en nuestras experiencias y aprendizaje en la vida, y eso a mi juicio es mucho más sano porque al menos es parte de nuestra individualidad y no es impuesto por un tercero que al fin y al cabo nunca puede probar los dogmas que imparte como verdades, los que hay que aceptar sin más ni más, dando lugar a la manipulación mental y en muchos casos emocional.

Algo común en todas las religiones es la catalogación de lo que es “bueno” y lo que es “malo”. Algunas religiones hacen más énfasis en el concepto de “culpa” cuando se hace lo malo, pero en general todas manejan una dualidad de recompensa y castigo de acuerdo al obrar de las personas.

En el ser humano, la conciencia sobre lo que es “malo” o “bueno” tiene varias capas. Hay una capa básica que es casi instintiva. Por ejemplo, desde que somos muy niños, sabemos que hacerles daño a los demás miembros de nuestra raza humana no puede ser “bueno”, aunque al final terminemos decidiendo causar ese daño. Otra cosa es el concepto de la gravedad que cada cual tenga de “hacer daño” (por ejemplo, un niño pequeño que muerde a otro sabe que está obrando mal, aunque tal vez no sepa que tan grave es lo que hace). Para algunas personas mentir es una falta muy leve; para otros no. Para unos evadir impuestos es normal, para otros no. Para unos, matar un animal es un asunto trivial, para otros matar un simple insecto puede ser grave. Y es allí cuando entran en acción las demás capas de la conciencia que normalmente definimos como la ética y la moral, capas “artificiales” que se forman a lo largo de la vida pero muy especialmente desde la infancia y la adolescencia.

La religión no es necesaria para ninguna de esas capas. Ni para formar nuestros valores individuales o morales, ni para establecer valores éticos como sociedad y mucho menos para saber lo que instintivamente sabemos desde pequeños sobre hacerle daño a los demás.

La educación en valores no necesita a una entidad divina, abstracta e incomprensible que existe de una manera misteriosa para castigarnos por nuestras malas obras y premiarnos por las buenas, ya sea en esta vida o en otra supuesta vida después de la muerte. La supervivencia de la especie; la armonía existencial entre el humano, la Tierra y el Cosmos como objetivo; la comprensión de la Naturaleza en nuestra realidad tridimensional;  la sostenibilidad de nuestras sociedades; la armonía demostrable que se puede lograr con el afecto y la amabilidad entre los humanos; la importancia en la vida de los conceptos de familia, amistad y cooperación social; los efectos palpables de una vida balanceada entre lo físico, lo mental y lo emocional; el respeto a la ley como reglas para que una sociedad sea más ordenada; todas esas cosas deberían ser suficientes para formar la moral y la ética, sin necesidad de recurrir a dogmas, a la culpa y a seres cuya existencia no podemos probar.

Otra capa muy especial de la conciencia y mucho más compleja es aquella ligada a nuestra espiritualidad, por decirlo de alguna manera (llamémosla “capa espiritual” por ponerle cualquier nombre). Es la que nos hace preguntarnos el objetivo de esta vida. Una capa que seguramente los animales o los niños muy pequeños no tienen desarrollada. Pareciera una capa que al inicio de la existencia está casi vacía y que debemos ir llenando con conceptos y creencias o de lo contrario la vida puede empezar eventualmente a carecer de sentido. Si se llena desde pequeño con religión (como pasa muchas veces con los católicos, los musulmanes y en el  judaísmo), entonces las preguntas se resuelven con los dogmas… impuestos por los demás. Pero sino, también se puede ir llenando con nuestro propio sistema de creencias personales, lo cual hace innecesaria la religión, o al menos algo no primordial en nuestra existencia.

Cuando aquel ser humano que ha caído en la desesperanza y la depresión, se acerca a una iglesia cristiana y oye un sermón que le toca el alma a la vez que es acogido con afecto por la comunidad religiosa, su capa espiritual se llena y la esperanza florece. Estoy seguro que muchos hemos conocido a personas que han caído en desgracia y que un tiempo después reaparecen diciendo que “han recibido a Cristo” o que “oyeron el llamado de Dios” y cosas parecidas. Sí, las personas que caen en desgracia son un blanco muy fácil para pastores, sacerdotes y evangelizadores.

Al estudiar nuestra historia como especie sobre la Tierra, nos damos cuenta del daño inmenso que la religión les ha hecho a los humanos. Pero hay que aceptar que no es fácil erradicarla debido a que necesitamos llenar la “capa espiritual” con algo y hasta ahora hemos tomado generalmente la ruta de imponer creencias en vez de dejar desarrollar en el tiempo las propias creencias individuales. Por eso, la religión ha sido útil para muchos como una forma de sobreponerse a ese vacío de la conciencia del que nuestros padres o maestros se desentienden para depositar la responsabilidad en un sacerdote o supuesto guía espiritual.

Y por eso también la religión ha sido hasta ahora una potente arma de manipulación social.

Un recurso importante para revertir este equivocado proceso puede ser la práctica constante de la filosofía. Presentar los hechos de la historia y diferenciarlos de las hipótesis, contrastar la diferentes teorías sobre el origen del hombre, impulsar el pensamiento crítico individual, poner la ciencia como una herramienta muy útil pero que sin embargo no tiene aún las respuestas para todo, y dejar fluir el pensamiento, la divagación equilibrada a fin de encontrar respuestas personales a los grandes enigmas de la vida.

Eso sería mucho más útil para la humanidad que encumbrar a personajes como el Papa o los ayatolás como líderes de la moral, simplemente porque sí. O imponer una conceptualización de “Dios” como verdad cuando ni siquiera podemos explicar con certeza a dicha entidad, así estudiemos todo lo que haya que estudiar sobre teología.

No hacer daño, debería ser el único mandamiento. A partir de allí, cualquier ser humano puede desarrollar su propio sistema de creencias (y dioses si se quiere).

¿Necesitamos un guía espiritual? Creo que no. Creo que eso también está sobrevalorado. Si alguna base podemos necesitar, puede ser el pensamiento agnóstico, o sea el saber que de cualquier manera jamás podremos tener el 100% de la verdad absoluta. Así que cualquier sistema de creencias individual no es más que eso: Un conjunto de creencias personales al mismo nivel que cualquier sistema de creencias de otro individuo. Y eso es tolerancia, algo que las religiones no se esfuerzan mucho por enseñar, pues todas terminan creyéndose la “verdadera” religión.

Enseñar valores a los niños como la disciplina, el respeto, la tolerancia, el carácter, la tenacidad… es mucho más importante que imponerles una religión o bautizarlos desde pequeños. Fomentar el desarrollo intelectual y el pensamiento crítico por medio de la constante lectura y escritura es también mucho más importante. Abrirles las mentes mediante la exposición a diferentes culturas y formas de pensar es más importante aún para fomentar la tolerancia.

Ojalá en el futuro podamos llegar a tener un mundo sin religiones. Es difícil pero no imposible. Sería un mundo mejor, con menos prejuicios, con menos divisiones, más amable, más lleno de amor, más pragmático y mucho más próspero.