Predestinación (karma) y libre albedrío – Dos caras, la misma moneda

Hay varias formas de ver la “voluntad de Dios” en las vidas de las personas: Una es aquella en la que Dios le ha dado al humano el 100% de la responsabilidad de lo que pase con su vida (libre albedrío total) y en donde nada está configurado de antemano por un destino, excepto tal vez el día y el sitio en que nacemos y nuestros padres  los cuales serían escogidos caprichosamente al azar. Otra es la que podríamos llamar “determinística”  en la que, al contrario, Dios o el destino o la Naturaleza o lo que sea ha determinado absolutamente todo lo que debe pasar y como debe pasar, desde lo más trivial hasta lo más trascendental  con una precisión milimétrica y en donde el libre albedrío es sólo una triste ilusión del ser humano (para mi sorpresa, personajes muy inteligentes como Albert Einstein creían que es de esta forma en que nuestra vida funciona). Y una tercera, en la que hay una mezcla de destino y libre albedrío en equilibrio y en conexión con un camino evolutivo espiritual que debemos seguir.

Personalmente, me tiendo a decantar por la última opción.

En filosofías/religiones orientales se asocia el “destino” en varios casos  con lo que llaman “karma”,  el cual casi que invariablemente está en conexión con teorías de reencarnación. De esa manera, se cree que nuestras vidas pasadas determinan nuestro destino presente en ciertos aspectos, cosas que no se pueden cambiar y con las que deben lidiar las personas pero, al mismo tiempo, se cree que cada uno cuenta con la suficiente libertad para tomar decisiones en el presente que de alguna manera mejoren nuestro karma y que, al final, nuestro destino futuro siempre depende de nosotros mismos en mayor parte.

Una variante es la creencia de que todo tiene compensación en la propia vida. Es decir, que a los “malos” les termina yendo mal y a los “buenos” al final se les termina recompensando… pero todo en esta misma vida. Yo sé que hay que ser respetuoso de las creencias ajenas, pero creo que esta teoría no resiste mucho análisis, pues basta ver como muchas veces el malvado y el criminal se salen con la suya, mientras que algunas personas bondadosas y correctas van por la vida de sufrimiento en sufrimiento. O, por ejemplo, ¿qué podemos decir de un niño que muere de cáncer? ¿O de un bebé que es abandonado en la calle y muere? Claramente, esos seres no se merecen ese destino.

Mis creencias personales están más en sintonía con las teorías orientales de karma y predestinación basadas en nuestro accionar pasado, pero no en esta vida. Creo que ésta vida es sólo una estación del camino de nuestra evolución espiritual y que debe haber muchas estaciones, tal vez en este mismo mundo y dimensión, o tal vez en diferentes mundos, o tal vez en este mismo mundo pero en distintas dimensiones.

Así pues, creo que hay cosas de nuestra vida que están predestinadas, decididas incluso antes de nacer y que son imposibles de cambiar: La fecha de nacimiento y la fecha de muerte, los lazos afectivos profundos con otras personas (por ejemplo los hijos que vamos a tener, nuestros padres, hermanos, la persona con la que nos casamos y tenemos hijos, etc.), la ciudad y país donde nacemos, nuestra apariencia física y ciertos talentos innatos que pueden verse como determinados por el karma de nuestras anteriores estaciones en la evolución (o involución) espiritual.

Sin embargo, también creo que el componente de libre albedrío en nuestra vida puede llegar a ser mucho más trascendental que la predestinación en la mayoría de los casos. Puede ser que nuestro destino nos marcó nacer en una familia pobre, en un país sin oportunidades y rodeado de un ambiente que no sea muy propicio para el desarrollo personal (por ejemplo, lleno de violencia). Pero en nuestra vida adulta, continuamente estamos teniendo la oportunidad de tomar decisiones que afectarán de alguna u otra manera no sólo a nosotros mismos sino también a los demás y al entorno en general. Nadie es tan insignificante como para no tener influencia alguna en el mundo.

De las decisiones que tomamos depende si nuestra huella en el mundo es para el beneficio o para el detrimento del mismo. Y dichas decisiones, pequeñas y grandes, siempre afectan nuestro karma.

En la interesante película Cloud Atlas de los hermanos Wachowski,  se utiliza una frase que me viene muy bien como explicación para la mezcla en equilibrio del karma y el libre albedrío: “…nuestras vidas no son nuestras. Desde el vientre a la tumba, estamos obligados a otros. Pasado y presente. Y por cada delito y cada obra de bondad, damos a luz a nuestro futuro.”

Creo que es así. Esa frase es una buena manera de resumir que existe la predestinación, construida desde nuestras instancias (o vidas si se quiere) pasadas pero, al mismo tiempo, tenemos la oportunidad de fabricar y mejorar nuestro futuro con nuestras decisiones presentes en el marco de nuestro libre albedrío.

Predestinación y libre albedrío existen al mismo tiempo. Y son dos caras de la misma moneda.