Punto crítico: ¿guerra nuclear?, ¿depresión económica?, ¿desastre ambiental?

Todas las épocas de la historia han marcado de manera importante a la humanidad. Las eras del hombre primitivo (al menos lo que es aceptado oficialmente como los comienzos del humano), la edad antigua, la edad media, la moderna y la contemporánea.

Pero sin duda, la actual época de nuestra actual civilización es la primera en donde una serie de eventos, impactos y cambios políticos, económicos y sociales están involucrando de manera más o menos paralela a todo el planeta, incluso rompiendo la barrera de las diferencias culturales entre lo que conocemos como Occidente, el mundo musulmán y el lejano oriente. Consecuencia esto del avance tecnológico que a su vez impulsa la globalización de casi cualquier concepto o tendencia social.

Cuando leí la semana pasada sobre un ensayo de una potente bomba por parte de Corea del Norte, país con un régimen autoritario opuesto a los valores políticos de Occidente, me puse a divagar sobre cómo sería el cubrimiento de la noticia en los años 20s o en los 40s. No es para nada difícil imaginarse que muchas personas que vivieron en esas décadas en la Tierra, ni siquiera se enteraron de que, mientras sus vidas transcurrían con relativa normalidad, se estaban llevando a cabo las  guerras más importantes de nuestra historia moderna involucrando de manera directa o indirecta a casi todos los países del mundo. Suena increíble, pero estoy seguro que mucha gente ni se enteró de que había guerra.

Hoy en día, aunque habrá algún despistado o también outsiders que prefieren no enterarse de lo que pasan en las noticias, es difícil escapar a la ola de preocupación y malestar que está recorriendo al planeta a pesar de los esfuerzos de todos por seguir una vida normal. Y especialmente, con el peligro latente de aniquilación mutua por armas nucleares si se da una confrontación entre potencias.

Hay una especie de contradicción en nuestra época. Hemos logrado muchas cosas. La tecnología nos ha acercado a todos y solucionado varios problemas de comunicación. Muchos tenemos agua potable en nuestras casas y los problemas de salubridad de la Edad Media han quedado atrás en buena medida. El nivel de vida de muchos países ha permitido que las preocupaciones por las necesidades básicas sean desplazadas por preocupaciones casi superfluas o incluso por cosas que serían impensables en el pasado (como epidemias de obesidad). La alta industrialización y la Internet  hacen que muchas personas tengan todo a la mano, incluso sin salir de casa. Las fortunas de varios multimillonarios de esta época hacen que las fortunas de muchos millonarios del pasado sean un chiste. El estilo de vida de algunas personas ricas y famosas se equipara y supera a  la de antiguos monarcas o faraones.

Pero por otro lado, increíblemente sigue viviendo tanta gente en la miseria con poca o ninguna salubridad mientras las tensiones políticas y económicas nos han puesto en el borde de una guerra que destruiría nuestra civilización si se enfrentan Estados Unidos y sus aliados de la OTAN contra Rusia o China (o las dos). Aparente y simultáneamente, parecemos experimentar un cambio ambiental cada vez menos gradual que hace que el planeta experimente frecuentemente fenómenos que en otras épocas se podrían considerar como muy raros, aunque algunas voces disidentes aseguran que se trata de un simple cambio natural muy poco influenciado por el impacto de los seres humanos y sus industrias.

Sea como sea, ha llegado el tiempo para provocar el arranque de un nuevo mundo. Algunos lo llaman un Nuevo Orden Mundial, término que ha desatado muchas teorías de conspiración. Pero aquel NOM (al que se han referido muchos políticos de renombre) parece ya haberse puesto en marcha desde el siglo XX, así que no me refiero precisamente a ese, que a larga sería una perpetuación y radicalización de lo que tenemos hoy en día en Occidente: Unas democracias que funcionan en el papel pero que en la práctica sucumben al poder del capital que poco a poco ha derribado cada vez más fronteras. El actual sistema está desequilibrado y es insostenible, incluso si lo del Calentamiento Global es una estafa como muchos aseguran. Un verdadero cambio implicaría una vuelta de timón (probablemente bastante brusca) para equilibrarnos.

Indudablemente, las democracias de Occidente (que han llevado la delantera en desarrollo durante mucho tiempo) han tenido muchas cosas loables en cuanto a la libertad y los derechos civiles pero, a medida que se ha profundizado la globalización, se ha destapado el desequilibrio social del capitalismo radical. Y es que democracia no es igual a capitalismo, aunque muchos piensan que es lo mismo. La democracia debe permitir el desarrollo del capital pero con sólidas regulaciones para evitar la injusticia social, el acaparamiento, los monopolios… y es allí donde se está fallando al permitir que sólo un puñado de corporaciones se esté apoderando de una gran cantidad de recursos del mundo entero.

Se necesita un nuevo supra poder político, pluralista y democrático (no, no es la pusilánime ONU) que administre el planeta y haga un fuerte contrapeso a varias estructuras corporativas multinacionales que se han formado en las últimas décadas y que están acumulando una cantidad absurda de poder como ningún imperio de la antigüedad soñó tener. Y es necesario que aceleremos este cambio antes de que sea demasiado tarde.

Se ha probado que los gobiernos nacionales son poco efectivos para defenderse de esta ola global y de esas corporaciones ultra poderosas que incluso pueden llegar a tener la capacidad de generar bloqueos económicos a naciones enteras. Por mucho que un presidente o gobierno se escude detrás de una ideología (como está sucediendo en varios países de Latinoamérica con el “legado” y la influencia regional que tuvo Hugo Chávez), su capacidad de blindar al país contra la ola global es muy limitada y un desperdicio de energía que en últimas lleva a problemas sociales cada vez más grandes (caso Venezuela por ejemplo) y a un estallido de autoritarismo para tratar de mantenerse en el poder a toda costa ante la inoperancia de cualquier política contraria a los dictados de las corporaciones.

Y si hasta ahora no se ha captado el mensaje principal  de este post, esta es una pregunta-resumen: ¿Que podría pasar si los rumores de guerra nuclear, depresión económica y desastre ambiental se hacen realidad en una coyuntura mundial donde unas élites corporativas sean las únicas capaces de “salvarnos” después de una devastación?

¿Nos entregaremos como borregos del capital para salvar a la humanidad? ¿Seremos capaces incluso de olvidarnos de la democracia para ser gobernados por la corporaciones con tal de solucionar la gran crisis? ¿Empezará oficialmente la era autoritaria del Gran Hermano? ¿O tal vez nos decantemos por vivir en un patético mundo feliz como el que planteaba Aldous Huxley en su libro en donde los bebes se fabriquen en laboratorios y nuestra fecha de muerte sea planeada todo en base a conceptos de eficiencia, productividad y una felicidad plástica y prefabricada?

Lamentablemente, las corporaciones parecen estar ganando. No se vislumbra en el horizonte un grupo de líderes carismáticos, sin radicalismo y estúpidas ideologías vacías, qué estén dispuestos a morir por impedir el gobierno de las corporaciones y para perpetuar la verdadera democracia global construyendo el nuevo poder supranacional para priorizar los derechos de la gente sobre el capital. Hay algunas personas dispuestas a oponerse, pero parecemos lobos solitarios. ¿Cómo nos organizamos para formar una resistencia global, democrática pero efectiva y dispuesta a pelear ferozmente la batalla contemporánea por la libertad del ser humano?