Sobrepoblación y cambio climático

Aunque aún puede ser discutible que tanto de natural tiene el cambio climático (es decir, si es provocado mayormente por la acción humana o, por el contrario, es un cambio natural y cíclico del planeta que terminaría dándose de cualquier forma), ya es innegable que el fenómeno existe. Los aparentemente cada vez más extremos eventos de tormentas, sequías, huracanes y demás están a nuestra vista en las noticias y la presión que ejerce la humanidad, que requiere cada vez más recursos naturales, nos hace pensar que un cataclismo con consecuencias socio-económicas bastante fuertes está muy cerca de acontecer.

Los humanos tendemos a la búsqueda de excusas para justificar la procrastinación cuando en el fondo sabemos que tarde o temprano tendremos que hacer algo que puede ser molesto pero inevitable. Y a veces eso se enmascara con un gran manto de hipocresía.

En la cuestión ambiental, la preocupación fundamental se ha desviado.

Es cierto que las tormentas, huracanes y sequías afectan a la gente; la desplazan, generan incluso epidemias por efecto de temperaturas inusuales que propician la aparición de nuevas enfermedades o un brote inesperado de una enfermedad que se creía ya superada.

Y en ese contexto el futuro se torna oscuro, miedoso. Algunos aprovechan la coyuntura y ya se ha formado todo un negocio global estructurado alrededor de la preocupación ambiental donde, como siempre, ya existen unas élites que se benefician económicamente del miedo al futuro y del desastre que supuestamente hemos y seguimos causando.

La ONU y otras organizaciones llevan a cabo frecuentes congresos sobre el tema donde predominan los lugares comunes y discursos predecibles en lo que parece más una junta financiera de negocios para determinar si se ponen nuevos impuestos a emisores de contaminación o para impulsar el intercambio de certificaciones ambientales entre un lugar del mundo y otro (con un componente de millones de dólares involucrado).

Pero últimamente en esos congresos se tiende a evadir el problema de raíz. Tal vez es miedo. Tal vez, con los años, se ha convertido en algo políticamente incorrecto. Pero lo más probable es que sea simple y frívola hipocresía.

El principal reto de la humanidad relacionado con el cambio climático no es si se siguen construyendo autopistas, o sacando petróleo del subsuelo, o buscar cómo generar comida para todos, o si la gente usa bicicleta en vez de carro, o si dejamos de usar el plástico y los aerosoles. Todo eso son ramas de un árbol cuya raíz es mucho más profunda: Somos más de 7.000 millones de humanos y cada día nacen alrededor de 367.000 bebés que, al restarles las personas que mueren (unas 155.000), nos totaliza unos 212.000 nuevos seres humanos cada día requiriendo más comida, más agua, más recursos naturales. Absurdo. Insostenible.

Ninguna especie puede crecer indefinidamente. Es antinatural. Si no hacemos nada al respecto, la misma Naturaleza encontrará formas de limitarnos (y no creo que esas formas sean muy agradables).

Al crecer de manera indefinida nos hemos vuelto una suerte de virus para el planeta. Somos una especie que en sus justas proporciones fue albergada amigablemente pero que, al crecer de la manera en la que lo estamos haciendo, ahora le toca luchar inevitablemente contra los mecanismos naturales de defensa del planeta (algo así como los anticuerpos de la Tierra).

Una opción es auto-gestionarnos a fin de empezar a reducir la población mundial. Podría ser de forma violenta  (usando guerras, armas biológicas, bombas nucleares), pero ¿no se supone que somos una especie de una inteligencia bastante sofisticada?

Nuestra hipocresía sobre el tema de la sobrepoblación pasa incluso por el aspecto moral. La fuerte oposición que muchas personas le hacen al aborto (antes de cumplir los 3 meses de formación del feto), justificada no en cuestiones científicas sino religiosas, es absurda. No les preocupa a estas personas que continúen llegando al mundo seres que sigan presionando y empeorando la escasez de recursos naturales, pero les preocupa enojar a “dios”. Pfff.

¿Dios es feliz cuando los menores de edad tienen hijos no planeados? ¿O cuando la gente que no tiene ni para comer espera un nuevo bebé que tampoco fue planeado? ¿Por qué a alguien que no quiere tener un hijo se le debe obligar a tenerlo? ¿No son suficientes ya los millones de niños en el mundo desamparados en las calles, o los traumatizados por falta de afecto, o los abandonados esperando que alguien los adopte? ¿De qué sirve tanta moral religiosa en este caso? ¿En verdad un aborto es más terrible que toda la miseria que sigue habiendo en el mundo ante la mirada indiferente de un supuesto dios incomprensible lleno de amor que manda a sus hijos a sufrir en este planeta? Pfff. Si tan solo nos pudiéramos liberar de la tara de la religión, ganaríamos bastante; incluso creo que podríamos desarrollar nuestra espiritualidad individual de una manera más provechosa que siendo manipulados por lo que otros imponen como verdad.

Y otro asunto no menos importante: ¿Hasta cuándo aguantarán las grandes ciudades tanto hacinamiento? Se necesitan tomar medidas drásticas para desestimular el hecho de que cada vez más gente quiera vivir en las grandes ciudades. Repartir la población más equitativamente en el área de la Tierra habitable también ayudaría en parte al problema general del consumo insostenible, pues se descongestionan los grandes focos de contaminación y se mejora la calidad de vida de la gente, lo que inevitablemente lleva a consumir menos recursos (por ejemplo: menos desplazamientos en carros; desplazamientos más cortos; menos demoras para todo con el consecuente menor consumo de energía; transporte más eficiente de los alimentos entre ciudades; repartición más equitativa de los recursos económicos de una nación; mucha más oportunidad real para construir ciudades sostenibles con sistemas de transporte públicos cómodos, limpios, dignos y eficientes). Vivir en las grandes ciudades debe tener costos importantes que la gente esté dispuesta a pagar. Uno de esos costos podría ser por ejemplo una ley de hijo único (no retroactiva, por lo de los derechos adquiridos), lo que obligaría a las personas, que quieran tener más de un hijo, a vivir en ciudades más pequeñas o simplemente abstenerse para poder disfrutar de las ventajas de las metrópolis.

Sé que muchos pondrían el grito en el cielo (como lo hacen con el aborto) si a un alcalde de una gran ciudad se le ocurriera promulgar una ley de hijo único. Pero toda esa moral revestida de hipocresía no es la que va a salvar a la humanidad de un colapso inevitable si insistimos en seguir creciendo como plaga y enfrentándonos con los mecanismos de defensa del planeta.

5 puntos base para el control natal no violento

  1. Desde la escuela, fomentar la maternidad y paternidad responsables y planeadas, haciendo énfasis en las terribles consecuencias de traer niños no deseados al mundo.
  2. Ley de hijo único (no nacional como lo hizo China, sino a nivel local) para grandes urbes con más de 2.700.000 habitantes en su cabecera (serían unas 160 ciudades en todo el mundo).
  3. Legalizar el aborto en todos los casos siempre y cuando se haga antes de cumplir los 3 meses de gestación.
  4. Lucha institucional contra la perversa sexualización a muy temprana edad (es un factor donde tienen mucho que ver la publicidad, la cultura pop y los medios de comunicación, incluyendo Internet, y una causa indirecta de embarazos en menores de edad).
  5. Fomento educacional a los adolescentes para una sana sexualidad y fácil acceso a métodos anticonceptivos.