Sobre sofismas y falacias del mundo

Creer en algo sin bases sólidas y simplemente porque la mayoría lo cree, debería ser tonto, al menos antes de someterlo a un juicio exhaustivo y personal con pensamiento crítico que genere argumentos válidos para creérselo. Pero la realidad es que, al contrario, creer en algo porque la mayoría lo cree se hace pasar frecuentemente como sentido común o como si fuera lo mismo que creer en una verdad incuestionable, lo que se conoce como el sofisma populista (o argumento ad populum). Y el entorno económico, político y social en el que nos movemos está lleno de aquellos sofismas.

Los políticos irresponsables difunden y se aferran a este tipo de creencias porque eso les permite tener a un grupo grande de personas alineadas con sus intereses particulares. No les importa que a veces lo que crea la mayoría se apoye en falacias -muchas de ellas implantadas en la mente de la gente durante años y años de propaganda política, económica, religiosa o cultural-; lo que les importa son los votos o la “favorabilidad” de la opinión pública.

Con el paso de los años (incluso de los siglos), los sofismas populistas perduran debido a las fallas en los sistemas educativos que, o no alientan lo suficiente el  pensamiento crítico (mediante el uso de las ciencias, la lectura, la escritura y la filosofía), o simplemente ayudan a implantarlos por medio de un perverso y sutil juego de adoctrinamiento escolar, cosa muy conveniente para élites poderosas y demasiado influyentes, a las que les interesa subyugar mentes fáciles de manipular como una estrategia de dominio social a gran escala.

Para ejemplificar, he aquí tres afirmaciones basadas en sofismas y falacias:

#1. La pobreza es por culpa del capitalismo.

La imagen del rico gordo y explotador tirándole una miserable moneda a un pobre, desvalido, harapiento y desnutrido hombre, es un buen resumen de esta afirmación. Sin embargo, aunque explotadores existen y existirán bajo cualquier sistema, hay mucho desconocimiento de cómo funcionan los mercados en dicha afirmación.

Y no es que se trate de temas demasiado complejos necesariamente: El capitalismo se basa en la ganancia hecha por medio de un bien que se posee, amparándose legalmente en el concepto y la garantía de respeto a la propiedad privada, transformando dicho bien en un producto o servicio y creando un negocio sostenido por el público que consume dicho producto o servicio. Por ende, para que el capitalismo florezca, es necesario que también lo haga el consumo. Por lo tanto, pensar que el objetivo del capitalismo sea empobrecer a la mayoría es absurdo, pues en ese caso el capitalismo atentaría contra sí mismo porque debilitaría sistemáticamente al consumo que es el que sostiene todo el andamiaje.

Las fallas de un modelo capitalista no están en la definición del capitalismo sino que más bien son fallas de regulación estatal y de la naturaleza humana. Cuando aparecen cosas como los monopolios, los contratos exclusivos entre el gobierno y sólo unos cuantos empresarios privilegiados por clientelismo o corrupción, o la explotación laboral con bajos salarios o jornadas muy largas, son debido a temas de regulación que se atacan implementando leyes que corrijan esos temas y al mismo tiempo sigan impulsando el desarrollo y la generación de riqueza.

La pobreza existe (entre otras razones de carácter político y social), o porque hay demasiadas trabas leguleyas e impuestos para el desarrollo del capital, o porque no hay adecuadas regulaciones estatales para prevenir los desequilibrios y monopolios que los humanos pueden generar con su avaricia, o porque no hay una legislación laboral justa, o por culpa de la maldita corrupción política (un asunto relacionado más con la naturaleza humana que con el capitalismo).

Pensemos por un momento qué le interesaría más a algunas élites perversas con un plan sádico de dominar al mundo: ¿Un sistema democrático y adecuadamente regulado donde cada persona potencialmente pueda desarrollar una idea y convertirla en negocio sin demasiadas trabas legales? ¿O un sistema más parecido al comunismo (o al socialismo autoritario de algunos líderes latinoamericanos) donde se intenta nivelar económicamente a todo el mundo por la fuerza alegando igualdad y justicia social mientras el gobierno se apodera prácticamente de todo el aparato productivo y donde el respeto a la propiedad privada no está totalmente garantizado porque el Estado puede expropiar sin el debido proceso cuando le venga en gana?

¿Cuál de esos dos sistemas tiene el mayor potencial de generar pobreza?

#2. ¡Soy de Izquierda! ¡Soy de Derecha!

Según Wikipedia, los conceptos de izquierda y derecha política tienen su origen en una Asamblea Constituyente surgida de la Revolución Francesa. Tal vez la historia de Francia sea bastante interesante pero, sinceramente, dividir el pensamiento político actual de las personas en sólo dos grandes ramas es un poco extremo y absurdo.

Si me pongo a analizar mi propia forma de pensar en materia política encuentro que para algunas cosas calificaría como izquierdista y para otras como derechista. Estoy casi seguro que a todo el mundo le pasa lo mismo.

Uno entiende que alguien que se dedique tiempo completo a la actividad política, pues necesariamente tenga que identificarse con cierta ideología más por cuestión de conveniencia que por otra cosa. Pero el resto de ciudadanos deberíamos seguir nuestra propia ideología individual y juzgar a cada político que se ofrece como servidor público con el mismo rasero sin importar su supuesta ideología.

No necesitamos “pertenecer” a ningún partido político a menos que seamos militantes realmente activos de dicho partido.

Y cada escogencia democrática que se haga se debe hacer con pragmatismo y en base a propuestas concretas y no en base a ideologías tan genéricas como abstractas.

Los partidos políticos son representaciones de diferentes grupos de la sociedad, de intereses particulares; pero a veces parecen sectas de adoctrinamiento ideológico, como si cada individuo no pudiera pensar por sí mismo. En algunos casos es entendible el alineamiento con cierto partido político que nos representa muy específicamente, como por ejemplo cuando los cristianos votan por candidatos de partidos cristianos, o los ecologistas por candidatos de partidos verdes, pues son supuestos representantes de sus intereses particulares. Pero votar por alguien simplemente porque representa la izquierda o la derecha, es algo tonto y es caer en el juego limitante del bipartidismo donde a veces la opción A y la opción B son, en términos prácticos, casi lo mismo pero con una retórica diferente.

De una anécdota de la Revolución Francesa se pasó a un sofisma que restringe el pensamiento político individual en buena parte del mundo. Absurdo.

Es como en la religión: La ideología política, igual que las creencias espirituales, debería ser algo meramente personal. No necesitamos que alguien nos diga como pensar o en que creer.

#3 – ¡Cómpralo! ¡Atrévete! Uno se arrepiente más de lo que no ha hecho.

Sin importar la ideología política o el sistema económico, élites egoístas siempre buscan -y muchas veces encuentran- maneras efectivas de aplicar técnicas de manipulación de masas.

En la parte del mundo que se conoce como Occidente, hay dos grandes aliados de estas técnicas: los medios masivos de comunicación  y la llamada cultura pop

Los medios de comunicación pueden usarse con discreción inteligente de la gente… adecuadamente educada. El problema surge en la base social, cuando la semilla de la manipulación se planta en sistemas educativos deficientes que no desarrollan suficientemente el pensamiento crítico.

La venta de la felicidad como un objetivo final lleno de clichés y cosas materiales, y no como lo que realmente debería ser (una emoción cíclica y temporal -no permanente- de satisfacción por nuestros logros y nuestra realización individual), le ha hecho un gran daño a la humanidad a tal punto que muchos anteponen la materia al pensamiento y al desarrollo espiritual, erosionando valores éticos que le harían bien a la sociedad.

Muchos creen que el sistema económico (el capitalismo) es el culpable del colapso de dichos valores. Pero realmente tiene que ver más con la educación y la falta de un desarrollo intelectual que nos permita formar un criterio individual fuerte para no dejarse arrastrar por la presión social y los sofismas que nos vende la publicidad acerca de lo que debemos tener para poder sentirnos felices siempre (como si eso fuera realmente posible).

De allí que la mayoría de las personas caigan en una mediocridad pasmosa para sus vidas que las hace trabajar en labores que no les gustan, para pagar deudas y obligaciones de cosas que realmente no necesitan, o por asumir roles y compromisos que realmente no les interesan… con el  objetivo de algún día tener un nivel de vida (no calidad de vida) que supuestamente las hará disfrutar de una especie de nirvana materialista con felicidad eterna (una idea totalmente estúpida basada en el sacrificio excesivo de libertad y tiempo por dinero), aunque la mayoría de las veces no les alcancen los años de vida para disfrutar del supuesto fruto de tanto sacrificio… pero el bombardeo constante de los medios de comunicación y la cultura pop nos insiste en que sólo falta comprar unas cuantas cosas, o adquirir unas cuantas deudas, o asumir unos cuantos compromisos sociales (así no queramos) para “ser feliz”… y que hay que atreverse porque “uno se arrepiente de lo que no hace”.

¡Si no queremos hacer algo -y si eso no hace parte de las molestias menores y necesarias para alcanzar objetivos de nuestro plan individual de vida- pues no tenemos por qué hacerlo!, a menos que se trate de una obligación ética. ¡Uno no se va a arrepentir de eso! ¡De lo que uno se arrepiente es de vivir una vida que no quería vivir sólo por ceder a la presión social o para poder adquirir simples cosas materiales como objetivo final!

No hay que sucumbir tontamente a la publicidad y a la presión social. Nuestro plan personal de vida (elaborado con suficiente flexibilidad) debe ser mucho más importante que lo que los demás quieren que compremos o seamos.