Tratando de entender la depresión

No creo que haya enfermedad más difícil de entender que la depresión. Me llama la atención que parece que cada vez es más la gente que la padece y me sorprenden algunos testimonios de los que la sufren o la han sufrido en alguna oportunidad. Es algo que pareciera no tener una causa clara, sino más bien causas hipotéticas de toda índole abarcando desde la genética hasta factores sociales, culturales y ambientales. Lo más aterrador de esta enfermedad es su recurrente relación con algo tan terrible como el suicidio.

Me he interesado en el tema al conocer casos cada vez más cercanos. Es algo que me intriga. ¿Qué mecanismos actúan para volver a una persona depresiva? ¿Qué hay de los seres humanos depresivos sin causa alguna?  ¿Son los casos más graves algo congénito? ¿Se compara la depresión episódica con la depresión congénita  o son dos cosas totalmente diferentes? ¿Hay realmente algún remedio contra la depresión congénita?

Siendo yo mismo alguien temperamental y propenso a constantes, sorpresivos y extremos cambios de humor, me alivia el hecho de que no haya experimentado nunca un episodio de depresión… o al menos no uno tan grave, más allá de transitorios ataques de tristeza que de vez en cuando pueden aparecer en cualquier ser humano y que se pueden considerar normales. Posiblemente mis días más tristes se quedaron en la adolescencia, época que -a diferencia de la infancia- no recuerdo con demasiada añoranza debido a varias circunstancias.

Salvo un episodio de tremendo abatimiento -cuando tenía 18 o 19 años- que duró unos cuantos meses y en el cual alcancé a considerar inútil el hecho de vivir, no recuerdo haber pensado en el suicidio por muy difíciles que fueran las circunstancias personales. Y es lo normal. La mayoría de la gente no considera jamás el suicidio como una solución a sus angustias internas o a sus problemas. Esa idea es absurda para una persona corriente.

Pero en una persona depresiva la mente (y tal vez el alma) no parece funcionar de una manera “normal”. Es como si esa persona estuviera en un nivel diferente al de la mayoría desde donde puede observar muy alto y hacia abajo una supuesta insignificancia de nuestras vidas, encontrándole una falta de sentido a todo y desde allí desembocando en el desánimo general y la profunda tristeza de saberse atrapado en una vida que no tiene ninguna trascendencia.

Algunos afirman que la depresión tendría sus raíces profundas en un desequilibrio biológico, es decir, en una falta de balances adecuados en la química de nuestro cuerpo. ¿Será así de simple? Y si es así, ¿por qué entonces, en muchos casos, los antidepresivos recetados para ciertos individuos no tienen el efecto esperado?

Por supuesto, hay casos en donde las personas sufren depresión después de un evento traumático o cuando los cambios de la vida las aterrizan en una realidad diferente a otra ubicada en el pasado cuando tuvieron éxito, reconocimiento o cierta euforia (lo que sucede con muchas celebridades después de que les pasa el cuarto de hora). Pero estos casos probablemente son mucho más tratables y solucionables que aquella depresión que pareciera ser una característica de la personalidad incluso desde la infancia.

Tengo una teoría que, de cualquier manera, no puedo probar.

Creo que es posible que algunas personas, por alguna razón, tengan una sensibilidad emocional (y tal vez espiritual) muy superior desde que nacen. Posiblemente una sabiduría innata que las pone en un nivel diferente al de la mayoría. Pero estas cualidades chocan contra una realidad plástica, artificial, superficial y absurda con la que tienen que lidiar en el día a día. En mi opinión, aquellas personas sencillamente jamás pueden aprender a tolerar suficientemente dicha realidad impulsada e impuesta por la cultura y sistemas de las sociedades humanas.

Los moldes de la sociedad no cuadran del todo para esas personas. Para ellos lo normal no es tal. Su instinto y sensibilidad se oponen a vivir de la manera aceptada como convencional por la mayoría.

Pero lamentablemente, para una persona que no usa o encaja en dichos moldes, el contacto con el resto de la humanidad y sus sistemas se puede volver un infierno. La cotidianidad de despertar, trabajar, prepararse siempre para competir, comer, distraerse con lo que se supone que es divertido, dormir, volver a empezar… todo de acuerdo a una convención de vida impuesta, se transforma con los años en un total absurdo que hiere sistemáticamente su alta sensibilidad. Y es allí cuando la depresión toma el control.

Es como tratar de encontrar un escape en una olla de presión totalmente cerrada. Se llega a un momento en que el ambiente es absurdamente asfixiante.

No es descabellado pensar que una profunda tristeza sea la derivación natural de una constante frustración e incomodidad con la vida. Y lamentablemente, a pesar de nuestras luchas históricas por los derechos del individuo, el mundo pareciera cerrarse para personas que ven la vida de manera muy diferente.

El fomento del respeto hacia todos nuestros prójimos, así como el fomento de la individualidad y el libre desarrollo de la personalidad sin miedo al ojo acusador de los demás, sería parte de la solución. Establecer un mundo menos asfixiante sería la otra parte; y es la parte más difícil.

Un mundo menos asfixiante sería uno en donde se luche por conseguir el máximo desarrollo del potencial emocional e intelectual de cada ser humano sin que las necesidades materiales entorpezcan ese círculo virtuoso que se podría lograr. Tristemente, ese mundo es una utopía en nuestra actual realidad.

En últimas creo que la depresión en aquellas personas que la sufren de por vida no es realmente una enfermedad sino un síntoma de algo más profundo.

Quién sabe, tal vez cada vez que alguien con depresión congénita o endógena se suicida, a lo mejor el conjunto de la humanidad puede estar perdiendo uno de sus mejores elementos, quien sencillamente no soportó el mundito estúpido que nos hemos inventado; el mismo mundito que autoritariamente agrede la sensibilidad de seres que a lo mejor vibran en una frecuencia un tanto diferente a la mayoría.