El triunfo del NO – Una verdadera esperanza de paz para Colombia

El sorprendente triunfo del NO en el plebiscito del 2 de octubre de 2016 en Colombia es lo mejor que pudo haber pasado. Con esto, el peligro para la Democracia colombiana se ha aplacado y nace una esperanza de que realmente se pueda llegar a un verdadero acuerdo que involucre a la gran mayoría de colombianos y no esa cosa que se había vendido como el acuerdo histórico de reconciliación entre los colombianos, cuando se estaba dejando por fuera a la mitad de la población inconforme con lo acordado.

Ver a Álvaro Uribe algún día, en el futuro cercano, estrechar la mano de Timochenko, sería un verdadero indicio de paz, porque sería un acuerdo entre extremos. Y es que no hay colombiano actual que represente más a la “anti-guerrilla” que Uribe. Independiente de lo que sea,  o de si son verdad o no todas esas acusaciones acerca de su pasado turbio o de su familia.

El acuerdo de paz de Santos, impulsado por Cesar Gaviria y el tristemente célebre Ernesto Samper desde su puesto en UNASUR, ha estado un poco sobrevalorado si recordamos lo que ocurrió en los años 80s cuando se avanzó más que ahora, pues las FARC fundaron un brazo político reconocido oficialmente (la UP) e incluso tuvieron candidatos presidenciales alineados con ellos, los cuales fueron asesinados. Y aquel brazo político de las FARC terminó casi exterminado a bala. Eso realmente salió muy pero muy mal.

Y eso nos debería enseñar que acuerdos que busquen la paz pero que no involucren a todos o casi todos, son un saludo a la bandera en términos prácticos. No podíamos volver a cometer el mismo error.

Juan Manuel Santos, tal vez un poco enceguecido por sus ambiciones personales, con su típico maniobrar amañado, conspirador y camaleónico, trató de venderle al mundo un acuerdo de paz -que entre otras cosas estuvo muy respaldado por la dictadura cubana y pseudodemocracias que quedan en el continente-, como el gran acuerdo de la sociedad colombiana, cuando era evidente que una gran parte del país tenía una gran resistencia a aceptarlos. Pero para Santos no fue evidente; en medio de su arrogancia y vanidad creyó que una vez más se había salido con la suya aplicando sus técnicas de convencimiento llenas de picardías y manipulación mediática. Bueno, en parte si se salió con la suya porque se ganó su anhelado Premio Nobel de Paz. Ojalá que, ya cumplido su vanidoso propósito personal, pues ahora si realmente se concentre en alcanzar un verdadero acuerdo que nos incluya a todos, o casi todos (porque siempre habrá alguien por ahí que prefiera la guerra y la tierra arrasada).

El triunfo del NO, visto por muchos como algo apocalíptico, es realmente excelente para el país.  Es una oportunidad de oro de deponer los odios. De que perdonemos de corazón a las FARC, pero también a Uribe, a Santos, incluso a Samper y su narco gobierno de los 90s, y a todos los que han hecho tanto daño en nombre de ideologías. Y que también nos perdonen a cada uno de nosotros si por causa de la ira nos hemos puesto de un lado o del otro deseándole el mal a la contraparte.

Hasta hace apenas unos días, personalmente seguía escéptico con respecto a esta búsqueda, más mediática que real, de la paz. Y sigue siendo insultante ver como la dictadura de Cuba y el gobierno autoritario de Venezuela son pilares internacionales que sostienen el acuerdo actual. Ojalá eso cambiara. Lo ideal sería que no se use más la mediación de esos dos países (ni la de Ecuador con el ELN). Existen otros países con gobiernos de izquierda verdaderamente democrática (el caso de Uruguay) que pueden ayudar. Aunque probablemente los colombianos nos tengamos que seguir tragando esos dos enormes sapos de Cuba y Venezuela (y el sapito de Ecuador).

Hay que tener paciencia porque seguramente el proceso se alargará varios meses más y habrá agrios debates, pero con suerte un acuerdo final se logrará antes de que termine este gobierno. La demora vale la pena.

Y vale la pena porque si bien el país necesita urgentemente atenuar la gran desigualdad social que es la raíz de tantos males de nuestra nación, un país polarizado igual no avanza o avanzará demasiado lento debido a las rencillas políticas.

De verdad, ojalá que se llegue a un acuerdo entre todos para poner fin real a este conflicto y concentrarnos en tener un sistema de salud y seguridad social justo, eficaz y eficiente; en tener un sistema educativo de mucha calidad que nos impulse a construir una economía de tercera ola basada en el conocimiento y no tanto en las materias primas; y que nos ayude a sacar de la pobreza a tantos y tantos colombianos que no pueden comer tres veces al día y que viven sumidos en una triste realidad que no se justifica al vivir en unos de los territorios más ricos, fértiles y variados del mundo entero.

¡Viva Colombia!