La más grande burbuja financiera de la historia

Vivimos días intensos en la historia del mundo. Sentimos en el aire el ambiente de una tormenta que se aproxima. Muchos sabemos que es así, aunque tratemos de ignorarla para seguir con nuestra vida normal. Algunos creen que el calentamiento global ya nos tiene sentenciados, otros vislumbran una inminente guerra entre potencias ante las crecientes tensiones entre Estados Unidos y China o Estados Unidos y Rusia. Muchos también lo ven en el terreno económico, cuando casi todos en este planeta sabemos que la economía sólo se está sosteniendo a base de “confianza”, palabra que al parecer es un nuevo sinónimo de deuda, tanto pública como privada. Los números no parecen cuadrar cuando se habla de indicadores económicos. Hay algo muy raro esta vez. Los especuladores están alborotados con su manipulación financiera. Y los gobiernos capitalistas saben que ya perdieron la guerra contra la especulación que ahora se maneja mediante algoritmos y máquinas.

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9 razones por las cuales no tengo redes sociales ni Whatsapp

En definitiva, creo que las redes sociales tienen un efecto más negativo que positivo desde el punto de vista de la afectación de un individuo. Por supuesto, estas se han convertido en una mina de oro para anunciantes y personas dedicadas al marketing en línea, pero eso es otra cosa. Para la mente, el alma e incluso el cuerpo de una persona, creo que conviene más no tenerlas. Estas son 9 razones por las que ya no tengo redes sociales (ni siquiera Whatsapp), exceptuando Linkedin que es una red dedicada a asuntos profesionales:

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Urge una intervención militar en Venezuela

No entiendo de verdad como creen que Nicolás Maduro, o en general el chavismo, va a dejar el poder en Venezuela. Pareciera ser que se confía en que las sanciones financieras serán suficientes. No creo que el mundo sea tan ingenuo. Es realmente desconcertante. El tiempo pasa y la dictadura se afianza. A menos que vaya a pasar algo que no nos han dicho, no es comprensible la manera en que varios gobiernos, incluyendo el de Colombia y el de Estados Unidos,  cifran la esperanza en simples sanciones (al menos oficialmente ese parece ser el recurso).

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El nuevo mundo laboral

La gente se resiste al cambio impuesto por la era de la información en contraparte con lo heredado de la era industrial. Es natural que eso pase porque la era industrial aún tiene demasiada inercia en estos días. Pero el mundo laboral ya no es lo que solía ser.

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El mito de tomar x vasos de agua

De vez en cuando toca revaluar valores y creencias. Es parte de la vida y también del avance y el progreso. Volverse sectario en alguna creencia cuando no hay pruebas científicas de que sean ciertas, es tonto. Y más cuando nuestro cuerpo da señales de que podríamos estar equivocados. Por eso, en los últimos días he reevaluado una creencia sobre la salud que al parecer mi cuerpo está rechazando fuertemente: Aquel mito de que debemos beber una cantidad determinada de vasos de agua diarios, así no tengamos sed, para ayudarle al cuerpo a mantener una buena salud.

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Como decía Winston Churchill…

  • Mejorar es cambiar, ser perfecto es cambiar a menudo.
  • Todas las grandes cosas son simples, y muchas se pueden expresar con una simple palabra: libertad, justicia, deber, esperanza.
  • El esfuerzo continuo, no la fuerza o inteligencia, es la llave para desatar nuestro potencial.
  • Mi logro más brillante fue mi habilidad de ser capaz de persuadir a mi mujer de casarse conmigo.
  • La actitud es una pequeña cosa que marca una gran diferencia.
  • En la guerra, resolución. En la derrota, desafío. En la victoria, magnanimidad. En la paz, buena voluntad.

Ciclos del sueño

Tratando de encontrar soluciones para los problemas de sueño que tengo, sin involucrar medicamentos a los cuales les tengo mucho recelo, me puse a estudiar y leer sobre el funcionamiento fisiológico de nuestro cuerpo y cerebro cuando dormimos. Seguir leyendo

Dormir

Conforme avanza la edad  parece que es más difícil dormir. Y por eso uno lo aprecia más.

Ya no recuerdo la última vez en que tuve un sueño tan profundo que al despertarme no me acordara ni qué día era. Creo que por lo menos han pasado 10 o 15 años desde la última vez que dormí así.

Y lo extraño mucho.

Antes ni reparaba en eso. De hecho antes pensaba que dormir era una pérdida de tiempo. En esa época me hubiera encantado tener el superpoder de no necesitar dormir. Pero ahora, ¡lo extraño tanto!

Ni siquiera después de trasnochar puedo dormir tan profundo. Lo máximo que me pasa ahora es que en algunas raras noches puedo llegar a conciliar el sueño rápido, pero de cualquier manera dicho sueño es tenue y se interrumpe por cualquier cosa. Nada que ver con otras épocas cuando podía dormir en el filo de una roca o con música a todo volumen, que ni me importaba ni me afectaba.

No quiero usar medicamentos para el sueño porque no quiero generar dependencia.

A la larga esto me pasa por perezoso. Por no seguir la recomendación más simple que tal vez es la más efectiva: Vivir tan intensamente cada día que en la noche el cuerpo estará tan rendido que el sueño profundo simplemente es algo inminente. Pero para alguien que trabaja sentado todo el día y, peor aún, desde la casa usando Internet sin necesitar siquiera transportarme o salir, cansar el cuerpo es un poco más complicado. Requeriría ejercicios físicos o al menos saludables caminatas diarias, cosa que mi pereza me hace rechazar.

Al final, uno se labra sus propios males, incluyendo los del cuerpo.

Labrar el destino pero no forzar las cosas

Tengo el dogma de la correspondencia 50 / 50 del destino. 50% predestinación y 50% destino  labrado por uno mismo.  Por eso, creo que los buenos hábitos, los planes de vida y la tenacidad son importantes para avanzar.

Pero no se deben forzar las cosas. El sufrimiento gratuito, al igual que la preocupación, no sirve absolutamente para nada positivo. Preocupación, como la misma palabra lo indica, es ocuparse antes de tiempo. Hay que ocuparse de las cosas en el tiempo señalado o planeado. Y no más. La preocupación es inútil.

Forzar las cosas implica ir contra la madre Naturaleza. Y también implica ir contra las leyes del padre Tiempo. Y sea como sea, la Naturaleza y el Tiempo nos dominan en esta vida. Ir en contra de ellos es una pérdida segura.

Ante los problemas, se debe establecer primero si tienen solución. Si no hay solución, entonces hay que dejar de ocupar tiempo en eso. No hay razón sensata para seguir haciéndolo. Cualquier minuto gastado de más en este tipo de problemas es mera preocupación. Y, como ya dijimos, eso es inútil.

Si hay solución, entonces se debe trazar un plan de acción con tiempos establecidos, tareas para ejecutar y una flexibilidad moderada para cambiar el plan de acción conforme se va avanzando en su ejecución. Y listo. ¡Manos a la obra! Pero respetando los tiempos establecidos, porque de lo contrario se genera preocupación. Y esta es inútil.

Y si los supuestos no se dan, o pasan cosas imprevistas, entonces se vuelve a aplicar el método partiendo de la pregunta: ¿Hay solución? Si no la hay, entonces abortemos el plan y dejemos de pensar en eso. A dedicarnos mejor a otras cosas más productivas o enriquecedoras para nuestra vida.

Es sencillo.

99 años

Yo no quiero vivir 100 años. ¿Para qué? Me parece exagerado. ¿Qué hace uno a los 100 años? ¿Dormir 20 horas diarias? ¿Sentarse todo el día en una mecedora? ¿Hablar cosas ininteligibles que nadie entiende y que a nadie le importan? Nah.

Eso de vivir 100 años es como muy extremo. Además lo más probable es que muchos seres queridos y amigos ya habrán muerto y si no se tuvieron hijos pues uno estará sólo o con una esposa igualmente envejecida y llena de achaques. Nah.

Yo no quiero vivir 100 años. La verdad es que… sólo quiero vivir 99 años. Eso sí me parece decente. 🙂

Cumpliré 99 años en el 2074. Así que espero llegar hasta ese año. Pero ni uno más. Es que cumplir 100 me parece muy extremo…

La radio y un sueño recurrente – Podcasts

Mi profesión es la ingeniería electrónica aunque la verdad me he dedicado siempre a trabajar como ingeniero informático (o de sistemas). Pero cuando estaba niño, adolescente y en los primeros años de juventud sentía una gran, enorme, inmensa atracción por la radio. Siempre me gustaba oírla e imaginar que me dedicaría a trabajar en una emisora. Desde que tengo uso de razón he sido siempre un gran oyente de todo tipo de radio. No sólo escuchando y disfrutando la música pop (otro de mis grandes hobbies) sino muy especialmente la radio hablada.

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Realidad limitada

Nuestros sentidos sólo captan una parte de la realidad. De hecho es una parte bastante limitada. No podemos ver toda la realidad. No podemos oír toda la realidad. No podemos palpar toda la realidad. Tampoco somos capaces de sentir el rango total de sabores u olores que existen.

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Con todo contra la corporatocracia global

Ejemplo 1. Todos los partidos del mundial de fútbol no pudieron ser vistos por televisión abierta, al menos en Colombia. Sólo los “privilegiados” que hubieran contratado el servicio de DirectTV podían verlos. El resto sólo tenía acceso a la mitad de los partidos y curiosamente los dos más grandes canales nacionales transmitieron exactamente los mismos partidos. Por supuesto, nadie se muere por no poder ver todos los partidos del mundial. A la larga, es un evento que no es esencial para nadie y controlado por empresas privadas que tienen el derecho de restringir su difusión con el fin de ganar dinero. El problema es que este evento se ha vendido siempre como algo “público”.

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Estado online y el retorno de la esclavitud laboral

El avance de la tecnología de la información ha cambiado tantos paradigmas que los adultos más jóvenes (bueno, algunos) no se explican cómo éramos capaces de sobrevivir en aquellas épocas cuando no había Internet o smartphones. Esas épocas tan  “lejanas” como los 80s (no, no  la Edad Media) cuando para contactar a alguien vía telefónica, esa persona necesariamente tenía que estar en un lugar específico donde se encontrara instalado el teléfono fijo al que marcábamos o de lo contrario pasarían horas o días sin saber de aquella persona. Y lo más impresionante es que los ataques de angustia por no poder estar “en contacto” eran mucho menos frecuentes que los que tienen ahora los nativos digitales cuando se les “cae la conexión” por un par de horas.

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Chela

Cuando tenía unos 19 años, vivía en la ciudad de Cali en una casa dividida en varios apartamentos donde algunas cosas eran compartidas entre todos: La puerta de la  entrada, el lavadero, el patio y el tendedero. Fue una de las muchas casas en las que viví cuando era más joven. Fue allí que conocí a Chela, una treintañera de raza negra procedente del pacífico colombiano (no sé exactamente de donde, tal vez del Chocó o Buenaventura). Era una vecina que vivía en otro de los apartamentos. Vivía sola y era oficinista. Nunca tuve una relación cercana con ella. Sólo era la vecina. Pero hoy en día, desearía haberla conocido más. Lamentablemente ya eso no es posible porque Chela se fue para siempre.

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La magia espiritual de una miserable monedita

Cuando estaba adolescente y estudiaba me pasó algo extremadamente curioso. Algo que puede parecer a simple vista demasiado insignificante pero que para mí ha sido la prueba reina de la existencia de un mundo invisible que no podemos ver con nuestros ojos físicos pero que tiene una incidencia demasiado grande en la vida sobre este minúsculo y hermoso planeta. Paradójicamente, esta prueba reina está ligada a algo material y a una graciosa situación nada seria e incluso un poco infantil.

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En realidad no existen los adultos

Frecuentemente me pillo siendo muy inmaduro. A veces creo que pienso muy similar a cuando era niño. Las mismas bobadas. Los mismos berrinches. Las mismas inseguridades. Lo diferente es que ya no hay tanta inocencia y que me sentiría patético si alguien averigua que sigo siendo el mismo niño de siempre sin importar la edad que tenga.

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El círculo vicioso de la postergación en el trabajo

Que el trabajo sea nuestra pasión de tal manera que al trabajar nos divirtamos, es un ideal que no siempre es fácil de lograr. Trabajar en lo que nos gusta es una situación con matices. Ante la dificultad de no siempre poder hacer lo que nos divierte para ganar dinero, está la alternativa de obligarnos a amar lo que hacemos, o por lo menos buscar enfoques positivos de un trabajo que odiemos para poder resistir y darle la vuelta a las malas sensaciones que nos produce en el día a día dicho trabajo. Pero esto último tampoco es sencillo en muchos casos, y mucha gente termina desperdiciando su energía, juventud y entusiasmo en un trabajo que los hace infelices debido a que necesitan el dinero para poder pagar las cuentas. Y cuando eso sucede es común que aparezca el círculo vicioso (y algunas veces interminable) de la postergación.

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Donald Trump: Otra gran decepción que nos confirma una pronta Distopía

Hace ya casi un año y medio, cuando Donald Trump se posesionó como Presidente de los Estados Unidos, quería creer y tenía mucha esperanza de que detrás de su conocida bravuconería y fantochada, podría estar alguien que tuviera el carácter y la decidida voluntad de recuperar el sitial de Estados Unidos como líder democrático del mundo con suficiente autoridad moral y con poder para proteger los aliados democráticos que se vieran amenazados por regímenes autoritarios. Pensé, tal como lo insinuó en su campaña, que tendría el valor para enfrentar comercialmente el dominio de China y recuperar la posición dominante de Estados Unidos en muchas industrias globales con la consecuente creación de empleos que pusiera fin al crecimiento sostenido de la desigualdad social en aquel país. Mis esperanzas se quedaron sólo en eso.

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Gustavo Petro desprecia profundamente la Democracia

Gustavo Petro admira a Chávez. Y no es una admiración personal. Es una admiración política. De programa. Gustavo Petro se identifica con el modelo de Chávez. Él genuinamente piensa que ese es el camino para lograr una menor desigualdad y una mayor justicia social. Pero no lo dice tajantemente porque le falta integridad moral para aceptarlo abiertamente.

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Espontaneidad total sin planes y objetivos: ¿La clave para encontrarse uno mismo?

En nuestra sociedad moderna, que supuestamente es guiada por una brújula racional aunque eso es claramente cuestionable, hay una especie de sobre planeación que supuestamente asegura una mejor coordinación de lo queremos conseguir colectivamente y una probabilidad más alta de éxito. Pero la sobreplaneación realmente entorpece la fluidez de la vida llevándonos muchas veces a la parálisis por análisis, a vivir unas vidas con constantes interrupciones de lo urgente sobre lo importante y a una lucha incesante entre nuestra mente y nuestra alma.

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Quiero a Venezuela sin conocerla

Debido a la dictadura que la azota (y su gran impacto sobre Colombia), durante ya bastante tiempo he leído y averiguado muchas cosas de Venezuela, nuestra hermana república: Su historia, sus ciudades, su idiosincrasia, sus costumbres, sus comidas, sus sitios turísticos. Me siento cercano a Venezuela justamente porque se parece demasiado a Colombia.

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Lidiar con el ego de los seres humanos

Una de las cosas más difíciles en las relaciones interpersonales es lidiar con el ego de los demás. Y no es porque el ego sea algo dañino en sí mismo, pues absolutamente todos tenemos ego, sino por las limitaciones que le imponemos al ego al considerarnos un individuo muy especial separado de los demás, del mundo y del Universo en sí.

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¿Qué pasa después de que uno muere? Sólo divagaciones.

Debido a que alguien que conocía murió hace muy poco, he estado pensando mucho por estos días en la muerte y en las posibilidades de lo que pueda pasar después de morir. Como agnóstico que soy, eso es igual que filosofar con muchos supuestos porque mientras estemos en esta vida de cualquier manera jamás podremos saber exactamente lo que ocurre, pero creo que es inevitable no pensar un poco en aquello cuando el turno de la muerte le toca a un ser cercano.

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Morir con dignidad: Uno es dueño de su cuerpo… y de su vida

Si uno es adulto, la eutanasia debería ser un derecho sin discusión. Que moralmente la gente sienta que no está bien, vaya y venga. Pero la sociedad no tiene porque obligar a otra persona a vivir con sufrimiento constante o a condenarla a una vida miserable simplemente por no facilitarle una muerte digna, especialmente si esa persona está siendo carcomida por una enfermedad progresiva, incurable o extremadamente dolorosa.

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