Algunas razones por las que el sistema parlamentario es mejor que el presidencial

Después de algunas lecturas hechas sobre el tema, las siguientes son tres conclusiones por las que se debería adoptar el sistema parlamentario para el gobierno de una república democrática en vez del sistema presidencial que usamos actualmente en muchos países, centrado en la figura del Presidente con un exceso de protagonismo y, en muchos casos, también exceso de poder y sobrecarga de funciones. Esos rasgos del sistema presidencial generan contradicciones, fallas y abusos dentro de la política; también alientan estructuras de poder con  élites gobernantes casi perpetuas (prácticamente quedan siempre elegidos “democráticamente” los mismos con las mismas).

Razón # 1. Se evita la concentración de poder en un sólo individuo. En muchas naciones el Presidente tiene demasiado poder dando lugar a abusos, corrupción, culto a la personalidad y caudillismo apoyado en el populismo (por ejemplo: Hugo Chávez en Venezuela, Rafael Correa en Ecuador, Evo Morales en Bolivia, etc.).

En el sistema parlamentario el poder real está en el Parlamento como institución (no como persona) compuesta por múltiples individuos que a su vez son elegidos en múltiples regiones del país y el poder nominal es repartido en partes iguales entre cada congresista. De aquí que el Jefe de Gobierno y el Jefe de Estado son figuras ejecutivas elegidas por el Parlamento para cumplir unas funciones específicas pero, en todo caso, las personas que ostentan estos títulos son constantemente evaluadas y monitoreadas por el Parlamento y en ciertos casos pueden ser removidas de sus funciones si la mayoría parlamentaria (elegida por voto popular) considera que no están cumpliendo debidamente con sus funciones o si la ejecución es contraria a los intereses de la nación.

Razón #2. El pueblo tiene un mayor control real sobre el gobierno. En los sistemas presidenciales es muy común que la gente tenga la falsa percepción de tener un buen control democrático sobre quien gobierna por medio del voto popular, pues se elige a un único individuo para mandar en el Poder Ejecutivo a nivel nacional. Sin embargo, esa percepción es más mediática que real, pues después de las elecciones es muy poco lo que pueden hacer los electores para cambiar el rumbo de decisiones si el Presidente decide incumplir promesas de campaña ya sea porque se da cuenta que es demasiado difícil cumplir, o porque el Congreso no aprueba los proyectos presentados por el Presidente, o porque sencilla y llanamente se hacen promesas populistas sin ánimo de cumplir con el único fin de quedar elegidos. Luego, tumbar a un Presidente no es nada fácil sin causar traumas nacionales o violencia derivada de enfrentamientos entre el pueblo y las fuerzas armadas, y eso ocurre así el Presidente tenga la mayoría del pueblo en contra. Y ni hablar de cuando ciertos individuos en el poder deciden cerrar el Congreso, ejecutar autogolpes o cambiar la Constitución para su beneficio.

En cambio, en el sistema parlamentario, la gente debe preocuparse por elegir a una figura más cercana al pueblo y menos encerrada en una burbuja de enorme poder político. En este caso se elige sólo al representante de una provincia (estado o departamento) que se convierte en un Congresista que vela por los intereses de la región donde uno reside y que en todo caso tendrá un poder muchísimo más limitado que el de un Presidente nacional elegido por voto popular en todo el país.

Por supuesto, un Congresista también podría incumplir  las promesas de campaña, pero al ser una figura con menor poder y un representante de sólo una parte de la nación (una región o provincia), es más fácil pedirle cuentas, destituirlo o presionarlo para cumplir, ya sea con mecanismos establecidos por la Constitución (por ejemplo mediante un referendo revocatorio) o por presión de líderes políticos de las ciudades o municipios de la región a la que representa. Como ya se dijo, revocar el mandato del Presidente en un sistema presidencial no es nada fácil y conlleva una gran cantidad de inestabilidad política que muchas veces ha derivado en golpes de estado y dictaduras, mientras que revocar el mandato de un Congresista con influencia en sólo una provincia  de la nación es algo más sencillo y no se involucra la estabilidad de toda la nación (aunque por supuesto, las leyes políticas deben establecer mecanismos democráticos para poder revocar el mandato si se pierde el apoyo popular y se pueda reemplazar al Congresista de la manera más eficiente posible).

Razón #3. Se separan las funciones de Jefe de Estado y Jefe de Gobierno. En el sistema presidencial, el Presidente tiene una sobrecarga de funciones que incluyen velar por el desempeño económico de la nación (tanto la micro como la macroeconomía), encargarse de las relaciones internacionales  y la defensa de la soberanía (como Jefe de Estado) y ejecutar los programas sociales en salud, educación y bienestar social (como Jefe de Gobierno). Esto refuerza la concentración de poder al manejar y tener acceso a tantas áreas distintas de la administración pública, además de tener que atender una gran cantidad de eventos, cumbres y conferencias internacionales que muchas veces no resultan apropiadas delegarse en un Ministro de Relaciones Exteriores de menor perfil que el Presidente.

En cambio, en el sistema parlamentario, una persona ejerce como Jefe de Gobierno y otra como Jefe de Estado, y es esta última la encargada de lidiar con todos los asuntos internacionales y de soberanía nacional. El Jefe de Gobierno se concentra en su mandato interno.

Pero la eliminación de la sobrecarga de funciones del Presidente no es la única ventaja del sistema parlamentario en este aspecto; también se disminuye mucho la probabilidad de una variación abrupta de posiciones o posturas internacionales de una nación cada cierto tiempo en dependencia simplemente con quien sea el Presidente. En el sistema parlamentario, la posición de una nación ante un tema internacional no depende tanto de la ideología individual de un Presidente (social-demócrata, de derecha, centro, izquierda, etc.) debido a que la jefatura del Estado se le delega a una persona que representa el sentir nacional de una mayoría de Congresistas elegidos por voto popular. Incluso, el Jefe de Estado puede ser de una ideología política totalmente opuesta al Jefe de Gobierno sin que eso signifique contradicciones cuando de sentar posiciones en foros internacionales se trate. Al fin y al cabo, el Estado debe ser algo con un significado más profundo y permanente que el gobierno, mientras que el gobierno es algo más administrativo y temporal que el Estado; y la persona que ostente el título de Jefe de Estado debe ser alguien designado para representar más una tradición como nación basada en principios constitucionales y estructurales sin depender tanto de coyunturas temporales.

De esa manera, se reducirían bastante esas situaciones en las que, por ejemplo, hoy el país X es de tendencia izquierdista-socialista (por cuenta de su gobierno) y unos años después cambia abruptamente de posición (con una tendencia derechista)  en función simplemente del Presidente que salió elegido en unas elecciones.

Hay más razones para adoptar el sistema parlamentario, pero creo que estás tres  son bastante poderosas y tal vez las más importantes.