Chespirito murió. Larga vida a Chespirito.

Murió el comediante Roberto Gómez Bolaños.  Querido por muchos por habernos hecho reír durante tantos años. No creo que sea raro encontrar gente en Latinoamérica mayor de 30 años que se haya visto cada capítulo de El Chavo del 8 por lo menos una docena de veces. Aunque también a algunos jamás les causó gracia.

A pesar de la ingenuidad aparente de los programas, el “subtexto” y las premisas de sus personajes y situaciones probablemente tenían algo más elaborado.

Ejemplos: El profesor que enseña abnegadamente a sus alumnos en una escuela que probablemente no tenga el mejor nivel por falta de recursos y que al mismo tiempo da la sensación de ser considerado por la sociedad como un profesional de “segunda” con una vida bastante modesta a pesar de tener en sus manos la educación de las nuevas generaciones; el arribismo y clasismo nacidos de una gran desigualdad social a pesar de tener que compartir los mismos entornos (la tensión entre Don Ramón y Doña Florinda); o el ciudadano en un situación desesperanzadora, sin trabajo, sin saber si comerá mañana y sin poder pagar sus mínimas obligaciones (como el alquiler de su casa); o ese superhéroe tercermundista muy distante de ser Batmán o Supermán y cuyo gran poder parecía consistir en tener valentía (a pesar de morirse del miedo) y una gran esperanza en ganarle a los villanos a punta de tenacidad a pesar de sus limitaciones.

A Roberto Gómez Bolaños, algunos le criticaban sus polémicas posiciones sobre temas de los cuales opinaba sin inhibirse demasiado y en donde claramente se marcaba una tendencia de derecha (políticamente hablando). Algunos han llegado a calificar sus declaraciones como fascistas en temas como la política, el arte o el aborto.

Otros lo calificaban de demasiado ambicioso y avaro (junto a su esposa y familiares) por los sonados casos de los líos legales que tuvo con sus ex-compañeros y pupilos Carlos Villagrán (Quico) y María Antonieta de las Nieves (La Chilindrina).

No falta quien critica la supuesta “violencia” contra los niños en sus programas, o la burla que se hace constantemente de los defectos físicos o las desgracias ajenas.

Incluso, algunos han calificado al Chavo del 8 como una sutil apología al antisemitismo (hostilidad hacia los Judíos), alegando que hay un gran simbolismo en sus personajes que van en esa dirección.  (Y hace poco, vi un video donde supuestamente se explicaba que Chespirito le hacía un ritual satánico en uno de sus programas a un demonio a cambio de éxito. Pffff).

En fin.

Adiós a Chespirito. Para mi es triste su partida.