Con todo contra la corporatocracia global

Ejemplo 1. Todos los partidos del mundial de fútbol no pudieron ser vistos por televisión abierta, al menos en Colombia. Sólo los “privilegiados” que hubieran contratado el servicio de DirectTV podían verlos. El resto sólo tenía acceso a la mitad de los partidos y curiosamente los dos más grandes canales nacionales transmitieron exactamente los mismos partidos. Por supuesto, nadie se muere por no poder ver todos los partidos del mundial. A la larga, es un evento que no es esencial para nadie y controlado por empresas privadas que tienen el derecho de restringir su difusión con el fin de ganar dinero. El problema es que este evento se ha vendido siempre como algo “público”.

Ejemplo 2. En Colombia el Ministerio de Salud planea un control de precios contra algunos medicamentos que se han elevado mucho inexplicablemente en los últimos años. Inmediatamente dos grandes laboratorios estadounidenses envían una carta al Ministerio objetando el plan argumentando que se necesita estabilidad jurídica para poder seguir con su labor empresarial y, al mismo tiempo, parecen amenazar con tener que prescindir de empleados si las cosas no siguen como van. Increíblemente esta comunicación se hace no de manera particular sino a través de la Embajada de los Estados Unidos (un Estado defendiendo intereses muy específicos y particulares). Lo que no dice esta carta es que esos dos grandes laboratorios (por lo visto aliados, aparte de paisanos) tienen el monopolio de la fabricación y venta de muchos medicamentos en Colombia.

Ejemplo 3.  La Democracia solía ser importante para las multinacionales. Pero ya no. Ahora lo importante es la ganancia a toda costa. Y la ganancia sube cuando se contrata mano de obra barata en países gobernados con dictaduras como China, mientras se pierden miles de empleos en el mundo democrático. Y, las grandes multinacionales, por supuesto, ganan. Siempre ganan.

Basta ya. El mundo está al borde de la distopía de la corporatocracia global.  Los gobiernos están convirtiéndose en simples títeres irrelevantes manipulados por la élite empresarial multinacional.

Una cosa es estimular desde el gobierno el sano capitalismo con trámites ágiles, estabilidad jurídica, impuestos razonables y, sobretodo, la garantía de una libre competencia. Otra cosa es sucumbir ante el poder multinacional para ceder la soberanía de los países ante los intereses corporativos.

Actualmente los grandes enemigos de la Democracia (y en general del progreso del mundo) son los regímenes autoritarios y las dictaduras, liderados por los gobiernos de China y Rusia. Pero esto está cambiando aceleradamente y los nuevos enemigos del progreso virtuoso del mundo son esas élites hipermillonarias que están tratando de controlar todos los renglones de la economía mundial, concentrando el poder en poquísimas manos. Con eso, pasan luego a controlar los gobiernos, y finalmente pasan a controlar la cultura y la sociedad en general.

Urge el nacimiento de un nuevo pragmatismo internacional que ponga por delante el bienestar de la Humanidad, y no la rentabilidad de unos pocos seres que mueven los hilos tras bambalinas.