De vivir en casa a vivir en una jaula (apartamentos)

Hasta hace algunos años, antes de trasladarme a Bogotá, viví en un par de casas. Amplias. Con patios  (y una de ellas con terraza). Incluso con antejardín. Con una distancia prudencial a los vecinos, dando como resultado una mayor privacidad. Sin tener que pagar odiosas cuotas de administración toda la vida, teniendo que lidiar en ocasiones con vecinos que no pueden o no las quieren pagar. Sin tener alrededor empleados de conjuntos o edificios -léase vigilantes/aseadoras/etc.- que sean chismosos y que sólo viven pendientes de la vida de los demás para estar esparciendo rumores sobre todo el mundo; o el vecino molesto que un día saluda como si fuéramos hermanos del alma y al siguiente ni se digna a responder los buenos días. Pero sobretodo, sin parecer que se está viviendo en una especie de jaula con un espacio reducido supuestamente porque son las tendencias urbanas en las metrópolis modernas superpobladas y no hay nada que hacer.

A la sociedad le venden sutilmente ideas que se van enquistando en el pensar colectivo y que al final se convierten en axiomas, en verdades irrefutables a las que es mejor hacerse la idea, pues no hay nada que hacer. Es así como, al parecer, vivir en una casa en algunas ciudades (como en Bogotá) se convierte para muchos en una idea del pasado que ya no es posible a no ser que estés dispuesto a pagar precios de alquiler ridículamente altos, o irse a vivir a barrios peligrosos, o barrios que quedan en la periferia donde salir a hacer cualquier diligencia se convierte en un eterno y molesto paseo.

Si. Lo normal ahora para alguien que tenga un sueldo normal es vivir en deprimentes apartamentos de menos de 100m2, muchas veces con sombrías ventanas desde donde no se puede ver más que concreto o la sala del vecino que vive en frente. Las zonas verdes y el contacto con la Naturaleza es relegado muchas veces a algo secundario en los llamados conjuntos residenciales o edificios de apartamentos; como si  el ser humano no necesitara rodearse de la madre Naturaleza como una forma de buscar el balance en su vida. Los más “privilegiados” pueden pagar por un apartamento con un balcón que les permite respirar el aire de  la calle -que a la larga no es tan puro en ciudades llenas de esmog- y tener una aceptable vista muchas veces contaminada con algún pesado tráfico de una autopista.

Nos han vendido la idea de que así debemos vivir. Así se debe criar una familia. De hecho, muchos se endeudan 10, 20 ó 30 años pagando estas jaulas urbanas llamadas apartamentos. Y se supone que se debe estar contento si logramos comprar una. Al fin y al cabo, ¿para que vivir en una casa si lo normal hoy en día es que ambos padres trabajen y sólo necesitamos un lugar “acogedor” donde podamos dormir y pasar los domingos? ¿Los niños? Bueno, igual ellos tienen Internet, videojuegos, películas… y algunos fines de semana podemos salir a dar una vuelta. 🙁

Sigamos así, y terminaremos, como sucede con algunas personas en Japón, alquilando un pequeño cubículo con un armario y una cama plegable; según parece, ante los exorbitantes precios de las viviendas dignas, algunos profesionales jóvenes solteros deciden alquilar esos cubículos como una solución práctica para ellos, pues se la pasan casi todo el tiempo trabajando en una oficina, comen siempre por fuera, y sólo necesitan un lugar para ir a dormir y guardar la ropa. Que triste, de verdad.

La humanidad, se dirige a una transición hacia una nueva etapa de su evolución. Muchos llaman a esa etapa el transhumanismo o posthumanismo. Al parecer hay mucho interés por parte de personas pertenecientes a ciertas élites en acelerar el proceso. Y una consecuencia de esto ha sido la, cada vez más evidente, aniquilación de los conceptos tradicionales de familia, que incluían por supuesto una vivienda adecuada para criar niños, tener mascotas y rodearse de un vecindario con vecinos conocidos pero con la suficiente privacidad y seguridad donde incluso los niños podían jugar con otros niños de una manera segura en el parque cercano.

Dichosos los que aún pueden pagar este “lujoso” estilo de vida en las metrópolis.

Por supuesto, en muchas ciudades pequeñas y pueblos esa continúa siendo la forma de vivienda predominante. Pero la tendencia pareciera irreversible y aquel tipo de urbanización llena de jaulas modulares (todas luciendo exactamente igual) en edificios se expande a gran velocidad y está llegando cada vez más a aquellos lugares en nombre del progreso.

Yo aún me niego a aceptarlo. Vivo ahora en un apartamento de esos y no me gusta. Quiero volver a vivir en casa. Me lo he propuesto y trataré por todos los medios de volver a hacerlo.