Dejar fluir… dejar pasar… dejar ser

Mi único propósito en este año será dejar fluir más las cosas. No manipularlas tanto, no frenarlas tanto, no tratar de acelerarlas tanto.

Aunque no soy religioso, me gusta mucho aquel pasaje de la biblia que dice:

Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y el padre celestial las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que ellas?
¿Y quién de ustedes podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un centímetro?
 Y por el vestido, ¿por qué se afanan? Consideren los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan;
 pero les digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos.
 Y si a la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a ustedes, hombres de poca fe?

Nos preocupamos demasiado. Es decir, nos ocupamos de antemano por cosas que a lo mejor jamás sucedan. Perdemos el Tiempo. Y la paz. Distraemos al amor que hay en nosotros.

¡Qué el 2019 sea un año fluido! ¡Qué pase lo que tenga que pasar!

Si aplicamos la disciplina diariamente con diligencia con el fin de conseguir metas pero con flexibilidad, sin darle demasiada importancia al objetivo sobre el proceso y sin perder la alegría y el equilibrio entre cuerpo, mente y alma, entonces lo demás hay que dejarlo fluir naturalmente. De ser así, ya estaremos haciendo nuestra parte, y ocuparse de lo que deben hacer los demás o tratar de controlar lo que realmente no depende de nuestro albedrío, es un desgaste insensato.

¡Qué todo fluya más acorde a la Madre Naturaleza y el Cosmos en este año! Yo, por mi lado, usaré la disciplina para usar de la mejor manera al Padre Tiempo.