Dormir

Conforme avanza la edad  parece que es más difícil dormir. Y por eso uno lo aprecia más.

Ya no recuerdo la última vez en que tuve un sueño tan profundo que al despertarme no me acordara ni qué día era. Creo que por lo menos han pasado 10 o 15 años desde la última vez que dormí así.

Y lo extraño mucho.

Antes ni reparaba en eso. De hecho antes pensaba que dormir era una pérdida de tiempo. En esa época me hubiera encantado tener el superpoder de no necesitar dormir. Pero ahora, ¡lo extraño tanto!

Ni siquiera después de trasnochar puedo dormir tan profundo. Lo máximo que me pasa ahora es que en algunas raras noches puedo llegar a conciliar el sueño rápido, pero de cualquier manera dicho sueño es tenue y se interrumpe por cualquier cosa. Nada que ver con otras épocas cuando podía dormir en el filo de una roca o con música a todo volumen, que ni me importaba ni me afectaba.

No quiero usar medicamentos para el sueño porque no quiero generar dependencia.

A la larga esto me pasa por perezoso. Por no seguir la recomendación más simple que tal vez es la más efectiva: Vivir tan intensamente cada día que en la noche el cuerpo estará tan rendido que el sueño profundo simplemente es algo inminente. Pero para alguien que trabaja sentado todo el día y, peor aún, desde la casa usando Internet sin necesitar siquiera transportarme o salir, cansar el cuerpo es un poco más complicado. Requeriría ejercicios físicos o al menos saludables caminatas diarias, cosa que mi pereza me hace rechazar.

Al final, uno se labra sus propios males, incluyendo los del cuerpo.