El dilema de ser o no ser vegetariano

Comer carnes de animales es algo que muchos disfrutamos. Simplemente nos parecen deliciosas. La carne de res, el pollo, el cerdo, el pescado (y otros animales en algunas culturas), en sus variadas presentaciones, son consumidas diariamente en todo el mundo por los seres humanos como fuente de proteína y, para muchos, como fuente de placer en el paladar. Básicamente, los humanos somos omnívoros por naturaleza: Nos alimentamos tanto de plantas como de anímales; y no es simplemente una cuestión cultural sino que la evidencia científica de la composición física del humano respalda esa afirmación. En una dieta “normal” se necesita incluir tanto el alimento de origen animal como el de origen vegetal. Sin embargo, muchos vegetarianos se las arreglan para tener una dieta balanceada mediante alimentos que compensan la no ingesta de carne. Además hay diferentes tipos de vegetarianos… Si, vegetarianos: Un grupo al que he querido pertenecer, pero…

En realidad no tengo una excusa muy sólida. La justificación más grande que tengo es las supuestas molestias y menesteres que causaría en mi casa por ser vegetariano, ya que tendría una dieta diferente a la de mi esposa y tendríamos que preparar comida “especial”.

Pero eso es una tontería. Honestamente, la verdadera causa por la cual aún no soy vegetariano es porque me gusta demasiado la carne y me ha faltado fuerza de voluntad para hacerlo. Creo que he durado un par días como máximo.

Ahora bien, los motivos por los que he sentido el impulso de ser vegetariano tienen poco que ver con la salud o sobrepeso o simplemente porque quiera comer “más sano”. Sé que muchos lo hacen por eso, y pues me parece muy bien. Pero en mi caso es un impulso causado sobretodo por el sufrimiento de miles de animales a diario en todo el mundo que sirven como comida para la raza humana. He visto documentales horribles sobre el tema e incluso, en un par de ocasiones he visto con mis propios ojos las terribles condiciones de vida y, peor aún,  la cruel muerte a la que son sometidos muchos animales que hacen parte de la “materia prima”  de las industrias alimenticias a gran escala.

Por supuesto, que me haga vegetariano no va a remediar este asunto, pero al menos no estaría contribuyendo personalmente con eso.

Alguna vez consideré una alternativa: Consumir comida orgánica. Pero pronto desistí de la idea debido al elevado costo de estos alimentos; además, en nuestro mundo actual lleno de farsas y mentiras, no podría confiar 100% en que lo que llaman “orgánico” realmente lo sea. Más bien, parece que lo orgánico se está convirtiendo últimamente en un cliché y no me sorprendería que más de una empresa esté engañando a sus clientes con el fin de incrementar ganancias.

En fin, a veces me siento un poco pequeño con este tema. No hacer un sacrificio por una buena causa simplemente por la falta de voluntad para renunciar a un placer físico es algo que me causa algo de culpa.

Estoy seguro que si la humanidad se lo propusiera, podríamos seguir siendo carnívoros al tiempo que  le damos a los animales usados como alimento una buena calidad de vida y una muerte digna. Pero no, para las industrias eso es simplemente imposible, inaplicable… demagogia de ecologistas extremos que viven en un mundo irreal.

Nuestra arrogancia nos ha llevado incluso a imaginar como arte la crueldad contra los animales. Es lo que pasa en la tauromaquia (cosa que afortunadamente parece estar en vía de extinción) y otras actividades que se practican por ahí… y algunas no necesariamente se relacionan con la alimentación de los humanos. Ojalá algún día no nos demos cuenta de que realmente somos unos forasteros; unos intrusos que un buen día llegaron a este planeta azul y verde a adueñarse de sus recursos y a tratar a sus animales con desdén como si fueran seres que no son capaces de experimentar dolor físico o miedo.

No se si terminaré siendo vegetariano. Ojalá que si. Pero debo desearlo con determinación para que no me domine mi falta de voluntad. Al fin y al cabo no es un sacrificio tan grande comparado con todo el sufrimiento atroz que les causamos a nuestros hermanos menores.

Lo paradójico es que por muy vegetariano que me vuelva, tendré que seguir alimentando a mi perro con carne. No puedo someterlo a una dieta en contra de su naturaleza e instinto. Tendré que seguir comprando alimentos de origen animal para él porque al fin y al cabo, ¿qué culpa tiene él de que su especie haya sido domesticada? ¿Qué culpa tiene él de que los humanos tratemos tan terriblemente a las especies que usamos como alimento?

La dualidad de esta vida nos pone en una paradojas… bueno… parece que ya estoy buscando más excusas. 🙁