El mito de tomar x vasos de agua

De vez en cuando toca revaluar valores y creencias. Es parte de la vida y también del avance y el progreso. Volverse sectario en alguna creencia cuando no hay pruebas científicas de que sean ciertas, es tonto. Y más cuando nuestro cuerpo da señales de que podríamos estar equivocados. Por eso, en los últimos días he reevaluado una creencia sobre la salud que al parecer mi cuerpo está rechazando fuertemente: Aquel mito de que debemos beber una cantidad determinada de vasos de agua diarios, así no tengamos sed, para ayudarle al cuerpo a mantener una buena salud.

Pues bien, desde hace ya varios años me había acostumbrado a tomar 6 vasos de agua diarios. Esto porque el estereotipo de los 8 vasos de agua me parecía excesivo y creía que con 6 era más que suficiente, especialmente porque yo no es que sea una persona muy físicamente activa, o de esos que salen a trotar todos los días.

Para ser honesto, el ritual de los 6 vasos al día nunca ha sido precisamente un placer, pues el 95% de las veces no tenía sed, y tomar agua sin sed no es que sea muy placentero que digamos. Pero sentía que estaba haciendo lo correcto, que estaba ayudando a mi cuerpo, a limpiar mi estómago, a hidratar mi piel, a atenuar toxinas, y un largo etcétera de razones cliché que hemos estado leyendo y escuchando durante muchos años de parte de ciertos fanáticos o promotores de los buenos hábitos de salud.

Pero desde hace un par de años, mi cuerpo ha empezado a reaccionar de una manera negativa a este hábito. Si antes sentía simple incomodidad al tener que tomar agua obligado, ahora esa incomodidad se estaba convirtiendo en una reacción mucho más precisa: Leves náuseas.  Y, el último año, las nauseas se han ido acrecentando a tal punto que se han vuelto incontrolables durante algunos días: El agua simplemente se me devuelve.

Preocupado por esa reacción, he investigado las posibles causas, y aunque algunas pocas veces puede estar ligada a enfermedades graves, al parecer la causa más probable es el mero rechazo que genera en el cuerpo, y sobre todo en el estómago, una sustancia que lo sobrecarga o que se ingiere en cantidades que exceden lo que realmente necesitamos. Es decir, podría estar teniendo un caso de sobre hidratación moderada, que con los años se ha vuelto cada vez más insoportable para mi cuerpo.

De hecho, también he leído sobre casos de personas que han muerto por sobre hidratación debido a que el agua puede llegar a producir inflamación del cerebro o de las células en general con el consecuente mal funcionamiento de los órganos, situación que al final puede llevar a paros cardiorrespiratorios o a entrar en un coma.

Por todo lo anterior, he decidido suspender la práctica de beber los 6 vasos de agua diarios, y creo que va a ser una decisión permanente.

Me limitaré a beber agua única y exclusivamente cuando mi cuerpo me lo solicite por medio de la, tradicional y escueta, sed.

Y es que si uno se pone a analizar con más detenimiento, en general a un cuerpo mayormente sano no se le debe embutir ninguna sustancia por obligación, pues nuestra fisiología ha proveído los medios para avisarnos sabiamente de cuando necesitamos algo: El hambre nos avisa de la necesidad de alimento, la sed de la necesidad de agua, las ganas de ir al baño de la necesidad de evacuar, el calor de la necesidad de refrigeración (con el consecuente sudor que es una forma de refrigerar el cuerpo con las reservas de agua que tenemos), el frio de la necesidad de aumentar la temperatura (con el consecuente temblor que es una forma de movimiento involuntario para generar fricción y calentarnos al menos un poco), el sueño para indicar la necesidad de descanso y el hastío para indicar que necesitamos movernos o cambiar de actividad para evitar inercias negativas.

La Madre Naturaleza es sabia y nuestro cuerpo está estrechamente ligado con ella. Así que creo que lo mejor es tratar de confiar en la Madre Naturaleza y no obligar el cuerpo a procesar cosas que no ha pedido.

Por supuesto, hay que actuar responsablemente sabiendo que todos los excesos son nocivos. Sobrealimentarnos, dormir en exceso, exceso de agua, laxantes innecesarios, sobre enfriamiento, exceso de ejercicio o cambios bruscos entre el reposo y la actividad, la sobre estimulación de los sentidos: Todo eso es nocivo.

La misma Naturaleza da pautas para regular nuestro comportamiento con moderación, constancia, cambios suaves y horarios sanos. Los ritmos de la noche y el día, las estaciones, las épocas de calor y lluvia, los horarios de la salida y puesta del sol y la luna. Observar todos esos ritmos y tomarlos como pautas para fijar nuestros horarios cotidianos es una forma de ayudarnos a escapar de esas rutinas artificiales y dañinas que los humanos nos hemos impuesto afectando el flujo natural de nuestro cuerpo, mente y alma.

Beberé agua cuando tenga sed. Es algo lógico, básico, obvio. Pero parece que siempre estamos buscando maneras de complicarnos la vida.