Estado online y el retorno de la esclavitud laboral

El avance de la tecnología de la información ha cambiado tantos paradigmas que los adultos más jóvenes (bueno, algunos) no se explican cómo éramos capaces de sobrevivir en aquellas épocas cuando no había Internet o smartphones. Esas épocas tan  “lejanas” como los 80s (no, no  la Edad Media) cuando para contactar a alguien vía telefónica, esa persona necesariamente tenía que estar en un lugar específico donde se encontrara instalado el teléfono fijo al que marcábamos o de lo contrario pasarían horas o días sin saber de aquella persona. Y lo más impresionante es que los ataques de angustia por no poder estar “en contacto” eran mucho menos frecuentes que los que tienen ahora los nativos digitales cuando se les “cae la conexión” por un par de horas.

Estar permanentemente conectado se volvió una de esas necesidades creadas por la cultura que a pesar de ser superfluas, son aceptadas ampliamente por la gran masa. Ello ha llegado a tal punto que empiezan a ser mal vistas las personas que no están disponibles casi todo el tiempo.

Y con eso, ha empezado también a retornar la esclavitud en el trabajo comprendida por jornadas laborales que parecen nunca terminar pues a pesar de no estar en la oficina, siempre parecemos estar disponibles ya sea por el smartphone que nos acompaña a todas partes, o nuestro estado online en múltiples aplicaciones de mensajería. No responder a un llamado en pocos minutos (o un par de horas como mucho) comienza a inquietar a nuestros contactos y a levantar algunas cejas.

La esclavitud laboral es perjudicial para nuestra calidad de vida. La vida no se trata sólo de trabajar, y si bien la tecnología nos permite ahora flexibilizar los horarios, parece que hay una sería confusión en estos días: ¡Flexibilizar no significa alargar!

Si aceptamos aquello de la jornada flexible, entonces que sea para relajar los horarios pero manteniendo el número de horas a la antigua. Si trabajamos 8 horas por día, pues que sean 8 horas por día, o 40 por semana. Pero, con el cuento de la tal flexibilización, las jornadas se extienden a horas nocturnas, fines de semana e incluso madrugadas.

Algo que personalmente me afecta bastante es el uso de las aplicaciones de mensajería enfocadas en la “productividad” laboral como Slack (aunque muchos siguen usando Skype). Estas aplicaciones realmente lo que hacen, en muchos casos,  es bajar la productividad al estar expuestos a constantes interrupciones de jefes, colegas y subalternos. Sin mencionar las interrupciones que no tienen que ver con el trabajo y que serían más adecuadas para ser enviadas a través de redes sociales o Whatsapp.

Por eso, he tomado la determinación de silenciar TODAS las notificaciones de todas estas aplicaciones y sólo consultarlas a determinadas horas fijas del día, contestando lo que haya que contestar sólo durante esos breves espacios de tiempo (tengo 3 momentos del día destinados para eso).

Parece que he causado alguna molestia con esa situación (todo el mundo cree que lo de ellos es lo más “urgente”), pero yo insistiré en esa medida porque me niego a aumentar mis niveles de ansiedad y afectar mi productividad sólo por estar “disponible” la mayor parte del tiempo. Al fin y al cabo eso no es verdad: ¡Si tenemos trabajo que hacer, es lógico que no estaremos disponibles durante buena parte del tiempo!

¡No voy a ser un esclavo en esta época de redes, smartphones y mensajes instantáneos! Punto. Tengo cosas más importantes en la vida que el trabajo.