Federación Hispanoamericana

Si tomamos de entre la clase media trabajadora a un mexicano, a un colombiano y a un argentino, notaremos algunas diferencias en su apariencia, acento, estilo e incluso unas pequeñas particularidades idiosincráticas. Pero para alguien que no sea hispano, estos tres personajes bien podrían pasar como ciudadanos de un mismo país. De un gran país de regiones con una rica variedad cultural y un enorme tamaño como lo son actualmente Estados Unidos, China o Rusia.

Los hispanos somos hijos de una gran nación fragmentada que históricamente se ha rehusado al éxito de una manera tonta: HISPANOAMÉRICA. Una nación partida en 18 pedazos dentro del mismo continente donde se habla el mismo idioma: México, Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Cuba, República Dominicana, Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, Argentina, Paraguay y Uruguay.

(No incluyo a Brasil, porque aquel país no habla español y es casi un subcontinente en sí mismo por su gran extensión y, honestamente, los intentos de unión con Brasil han generado históricamente más daño que beneficio. De hecho, el término aquel de Latinoamérica, es un término que nos confunde y no ayuda mucho. Es un término poco lógico. Somos mucho más Hispanos que Latinos. Brasil, por sí solo, está destinado a ser una gran nación. Su unión con Hispanoamérica generaría demasiadas disputas geopolíticas).

Hispanoamérica podría ser tal vez la nación más admirable del mundo, no tanto por su poderío militar sino por su gran cantidad de recursos naturales, potencial económico, tamaño, posición geográfica estratégica, riqueza cultural y recursos humanos. Somos el continente del futuro. Casi que el continente de reserva de un planeta que comienza un superciclo de decadencia natural.

Pero nos hemos negado a nuestro gran destino por intereses de élites, propias y ajenas, y también por una tara mental que nos hace actuar de una manera excesivamente chauvinistas en el nivel más local. Un falso orgullo patriotero y regionalista con el que vemos con desdén y sospecha al vecino “extranjero” (o en los países más grandes, sentimos lo mismo incluso con el vecino de otra región dentro del mismo país como lo que pasa en Colombia entre la gente andina y  la gente caribeña).

¡Debemos unirnos! Es una cuestión de sentido común. Seríamos tan poderosos que incluso las superpotencias nos elevarían a la condición de posibles sucesores. Seríamos incluidos automáticamente en la lista de los países más relevantes en todos los escenarios globales posibles.

Tendríamos muchas más herramientas para superar los problemas económicos y sociales que nos aquejan. Y las tres plagas que nos carcomen por separados a todos: La desigualdad social, el crimen  y la corrupción política.

Con la globalización y la Internet nos hemos conocido más entre nosotros y ahora nos sentimos más cercanos que antes. Estamos más unidos que antes, pese a que muchas iniciativas de unión han fracasado por diferencias ideológicas o el fracaso socialista que trató de imponer autoritariamente Hugo Chávez. Pero no nos podemos frustrar. Tenemos que seguir el camino de la unión de esta gran nación que haría maravillar a la mayoría de los habitantes de la Tierra cuando sea constituida oficialmente.

Pero debemos hacerlo en Democracia. Con una Democracia respetable en todos los países. Tenemos aún que resolver algunos escollos grandes para acabar con el ruido ideológico que tanto daño nos ha hecho:

  • Las dictaduras de Cuba y Venezuela
  • Los gobiernos que amenazan la Democracia en Nicaragua y Bolivia (afortunadamente Ecuador se libró de un gobierno igual).
  • La horrible corrupción de unas élites criminales en Guatemala y Honduras

En los demás países, a pesar de los problemas, se ha logrado mantener la Democracia en un nivel respetable actualmente, por lo que hay que hacer todo lo posible para superar esos tres escollos para la unión.

Mucha gente cree que una Federación Hispanoamericana es una utopía. Pero no lo es. Se necesita sólo voluntad política y es por eso que la Democracia es tan importante, pues se supone que en una Democracia son los ciudadanos los que eligen a los políticos que tengan dicha voluntad. Tristemente, muy pocas veces en las campañas presidenciales de cada país se toca el tema de la unión de Hispanoamérica. Por eso se necesita también la ayuda y la presión del periodismo y de la ciudadanía en general.

Necesitamos que cada persona de este subcontinente se empiece a creer ciudadano de esta gran nación de Hispanoamérica de la que podríamos sentirnos muchísimo más orgullosos por su grandes riquezas, recursos y potencial poderío.

Y acabemos con el chauvinismo regional. Unámonos. ¡Qué en exterior vean el pasaporte de Hispanoamerica, la nación más admirable del mundo!