Gustavo Petro desprecia profundamente la Democracia

Gustavo Petro admira a Chávez. Y no es una admiración personal. Es una admiración política. De programa. Gustavo Petro se identifica con el modelo de Chávez. Él genuinamente piensa que ese es el camino para lograr una menor desigualdad y una mayor justicia social. Pero no lo dice tajantemente porque le falta integridad moral para aceptarlo abiertamente.

Gustavo Petro anda diciendo que Maduro es dictador. Que ya no va a impulsar una asamblea constituyente. Y que no va a expropiar.  Está cambiando de posición. Típico de los politiqueros urgidos de conquistar votos. ¿Por qué no dijo estas mismas cosas hace un año?

La realidad es que Gustavo Petro es un embaucador. Y desprecia profundamente la Democracia (a menos que le convenga). Una persona verdaderamente demócrata no dudaría un segundo en calificar de dictador no sólo a Maduro sino a Hugo Chávez. Una persona verdaderamente demócrata no se tomaría el trabajo de viajar a Caracas a tomar fotografías de supermercados con precios no regulados (inalcanzables para la gran mayoría de venezolanos) para tratar de desvirtuar vía Twitter el hecho real de que Maduro está matando de hambre a su pueblo (y de paso Petro aprovechó para atacar a un medio de comunicación por el simple hecho de tener una línea editorial opuesta a sus ideales). Un verdadero demócrata no hubiera pensando jamás en convocar una asamblea constituyente como primer acto de gobierno cuando las enmiendas constitucionales son posibles ajustándose a las leyes actuales.

Gustavo Petro es un aprendiz de dictador. La Democracia colombiana está amenaza por este embaucador.

Aparte de eso, es el peor candidato para lidiar con la coyuntura que se viene de una fuerte recesión económica mundial y unas tensiones geopolíticas enormes entre Estados Unidos y la alianza chino-rusa que terminará por afectar a Colombia poniéndola en alerta bélica contra Venezuela debido a que los chinos y los rusos tendrán a ese país como bastión militar en Hispanoamérica.

Es lamentable que las elecciones colombianas en primera vuelta hayan resultado en que los dos peores candidatos tengan que medirse en el balotaje. Iván Duque con esa mafia que lo rodea no es que sea muy esperanzador.

Votaré en blanco. Esperando, eso sí, que gane Duque, pues es el menor de los dos males, y confiando en que la Democracia respetable de Colombia, la separación de poderes y una oposición que pueda controlar las fechorías del uribismo, garanticen que los próximos 4 años no sean horribles para Colombia. También quiero tener una pequeña esperanza de que Iván Duque tenga algo de criterio propio y no sea un simple títere de Álvaro Uribe como probablemente lo es.

¡Viva la Democracia!  (Cosa que Gustavo Petro desprecia profundamente).