La economía del conocimiento es la solución a la pobreza

cerebro

La Revolución de la Riqueza de Alvin Toffler y su esposa Heidi  es un libro muy ilustrativo de como la economía de tercera ola ha revolucionado, sigue y seguirá revolucionando nuestro mundo. En esta y sus obras pasadas, Toffler divide las olas o eras de la riqueza en tres: La ola agrícola, la ola industrial y la tercera ola o economía basada en el conocimiento.

Dice Toffler también que en nuestro mundo de tercera ola conviven países de los tres tipos de economía. Es decir, los países con economías sustentadas mayormente en la agricultura (los más pobres), países con una fuerte dependencia de la industria (los emergentes) y los países de vanguardia (los más desarrollados) cuya economía descansa sobre una sólida base de productos y servicios cuyo valor agregado es puesto no tanto por cosas tangibles, sino por la información transformada en sofisticados servicios o conocimiento como sucede en las industrias del software, telecomunicaciones y procesamiento de datos con fines muy específicos.

Es un interesante planteamiento de donde se desprende que la mayor parte de la riqueza presente y futura es generada y pertenece a las industrias del conocimiento cuya materia prima es el cerebro de los seres humanos ayudados por entidades robóticas de varios tipos, tanto entidades de mera asistencia (como puede ser un simple sistema de GPS) o entidades más sofisticadas con inteligencia artificial que pueden aprender de la experiencia además de su programación inicial configurada por un ser humano.

No se necesita mucho análisis para estar totalmente de acuerdo con Toffler.

Aunque siempre vamos a necesitar alimentos para comer o las materias básicas para desarrollar nuestra sociedad, la riqueza generada por la agricultura o la venta de commodities en el mercado internacional realmente no se compara con el potencial enorme de generación de riqueza cuando un país se enfoca a construir una sociedad de talento humano calificado en las tecnologías de la información y en las industrias del conocimiento en general.

Un país pobre que quiera superar su pobreza puede, por supuesto, apuntarle a la industrialización de bienes tangibles o materias primas con valor agregado, pero el foco principal debe ser desarrollar su economía del conocimiento. Y para eso, se necesita mucha inversión en educación. Pero no sólo en cobertura, sino también en calidad.

La educación básica es la semilla y por eso se debe apostar a tener las más alta calidad posible con la mayor cobertura.

ninos-educacion-calidad

Pero es en la educación superior que se hace la diferencia. Un país que le apueste a desarrollar una economía de tercera ola que sea generadora de una gran riqueza, necesita un buen número de profesionales de alta calidad en ciencias exactas, ingenierías y gestión de la investigación científica. No quiere decir esto que las otras carreras no sean importantes; por supuesto, así como en la educación básica, aparte de la temprana familiarización con  la  informática, los niños deben recibir un gran entrenamiento en materias tan importantes para el desarrollo como los idiomas, el deporte, las artes y el respeto por los seres humanos y las normas de la sociedad, en la educación superior siempre será importante contar con médicos, profesores, trabajadores sociales, abogados, economistas, etc.;  ningún país puede sobrevivir sin esos profesionales tan vitales, pero el foco debería ser aumentar el número de ingenieros, científicos e investigadores porque de ellos depende más que nada el futuro de todas las demás ramas de la economía, y por ende el futuro de casi todas las demás profesiones.

Por ejemplo, las investigaciones científicas han impulsado mucho a la medicina en las décadas pasadas y seguirán haciéndolo en el futuro, tanto así que muchos médicos, a pesar de sus conocimientos teóricos y experiencia, dependen cada vez más de la tecnología para ciertos procedimientos o para hacer ciertos diagnósticos. Y no es que no puedan trabajar sin tecnología, pero hacerlo es como sentarse hoy en día a comer carne semi cruda en el suelo, sin cubiertos y sin condimentos: Absurdo.

La gran brecha entre ricos y pobres (tanto si se habla de personas, como de países) sólo se podrá romper, si los países menos desarrollados (por ejemplo el caso de mi país: Colombia) dejan de regodearse en espejismos de ingresos generados por una supuesta bonanza de recursos naturales (como la minería, el petróleo, venta de  alimentos, etc.) que siempre resultan en bonanzas temporales y fluctuantes. Más bien dedicarse a invertir mucho en educación con el foco puesto en aumentar la calidad y el número de ingenieros, científicos e investigadores. De lo contrario, no nos estamos haciendo más ricos.

En últimas, lo que pasa cuando dependemos de la “bonanza” de materias primas es que actuamos como una persona que arranca los ladrillos de su casa para venderlos y tener más dinero en el bolsillo: Eso no es sustentable en el largo plazo… y además en algún momento terminaremos sin paredes que vender y una casa muy poco atractiva a la que nadie le pone los ojos encima.

cerebro2