Labrar el destino pero no forzar las cosas

Tengo el dogma de la correspondencia 50 / 50 del destino. 50% predestinación y 50% destino  labrado por uno mismo.  Por eso, creo que los buenos hábitos, los planes de vida y la tenacidad son importantes para avanzar.

Pero no se deben forzar las cosas. El sufrimiento gratuito, al igual que la preocupación, no sirve absolutamente para nada positivo. Preocupación, como la misma palabra lo indica, es ocuparse antes de tiempo. Hay que ocuparse de las cosas en el tiempo señalado o planeado. Y no más. La preocupación es inútil.

Forzar las cosas implica ir contra la madre Naturaleza. Y también implica ir contra las leyes del padre Tiempo. Y sea como sea, la Naturaleza y el Tiempo nos dominan en esta vida. Ir en contra de ellos es una pérdida segura.

Ante los problemas, se debe establecer primero si tienen solución. Si no hay solución, entonces hay que dejar de ocupar tiempo en eso. No hay razón sensata para seguir haciéndolo. Cualquier minuto gastado de más en este tipo de problemas es mera preocupación. Y, como ya dijimos, eso es inútil.

Si hay solución, entonces se debe trazar un plan de acción con tiempos establecidos, tareas para ejecutar y una flexibilidad moderada para cambiar el plan de acción conforme se va avanzando en su ejecución. Y listo. ¡Manos a la obra! Pero respetando los tiempos establecidos, porque de lo contrario se genera preocupación. Y esta es inútil.

Y si los supuestos no se dan, o pasan cosas imprevistas, entonces se vuelve a aplicar el método partiendo de la pregunta: ¿Hay solución? Si no la hay, entonces abortemos el plan y dejemos de pensar en eso. A dedicarnos mejor a otras cosas más productivas o enriquecedoras para nuestra vida.

Es sencillo.