Lograr objetivos: El camino de menor resistencia no es más corto pero es el mejor

Decir que el camino de menor resistencia es el mejor probablemente pueda ser malentendido: Podría entenderse que para lograr los objetivos se necesita el mínimo esfuerzo… o que la pereza es una virtud. Pero en realidad, no se trata de eso.

La confusión surge al equiparar el camino de menor resistencia con el camino de menor esfuerzo. Y no necesariamente es así.

Lograr los objetivos de nuestra vida por lo regular es una de las fuentes más grandes de satisfacción personal. Y aunque la procrastinación puede ser uno de los obstáculos más importantes, en el otro extremo nos encontramos a veces haciendo esfuerzos demasiado grandes para lograrlos; eso nos desgasta, nos roba tiempo, nos vuelve ansiosos, nos castra momentos que hubieran podido ser memorables.

Imaginemos por un momento el árbol más frondoso y grande que exista. Incluso ese árbol tuvo un inicio como una minúscula semilla que podría pasar desapercibida en cualquier instante. Sin embargo, con el correr del tiempo, esa semilla se convierte en un majestuoso, reverencial y casi que imposible de ignorar elemento de la Naturaleza.

¿Qué tanto esfuerzo requiere esta transformación? Si se pudiera contabilizar nominal y acumulativamente, seguramente se requiere de un gran esfuerzo a nivel celular, orgánico y de transformación energética. Pero puntualmente, segundo a segundo, minuto a minuto, hora a hora, ese esfuerzo de la Naturaleza para generar semejante árbol es mínimo. No se siente, no hay traumas, ni siquiera hay prisa.

Así funciona la Naturaleza. Con su típica sabiduría, nos enseña que para lograr resultados imponentes, hermosos, satisfactorios, no es necesaria la angustia ni el esfuerzo redoblado que nos deja exhaustos. Pero, lo que si es necesario, es la tenacidad, la disciplina y la perseverancia. La Naturaleza es autocomplaciente y por eso no se esfuerza mucho. Es cíclica, estratégica e incluso previsible. Una vez que se hubo trazado el plan natural, no ha existido nada que detenga los ciclos de la Madre Naturaleza. Absolutamente nada ha sido lo suficientemente poderoso. Incluso, si un factor externo trata de obstaculizar el plan de la Naturaleza (por ejemplo, el ser humano), ya hay una reacción preestablecida ante la acción de ese elemento perturbador. Fijémonos por ejemplo en el asunto del calentamiento global: En caso de que sea cierto eso de que es causado por el ser humano, no es más que una reacción previsible y calculada de la Madre Naturaleza; una forma defensiva (y a la vez ofensiva) de conservar el equilibrio natural.

(Por eso es tan peligroso que tratemos con desdén a nuestro planeta: Sólo nos perjudicamos a nosotros mismos, incluso corremos el riesgo de extinguirnos… y si eso llega a pasar, la Tierra seguramente sobrevivirá miles de años más, protegida por el poder de la Madre Naturaleza capaz de deshacerse egoísta y cruelmente de los seres humanos como si fueran simples y minúsculos virus que se atrevieron a desafiarla).

Aprendamos de la tenacidad de la Madre Naturaleza y tomemos el camino de menor resistencia para cumplir nuestros objetivos. No hace falta que perdamos la paz mental o nos volvamos un manojo de nervios. En la mayoría de los casos, es un error forzar las cosas para que pase algo determinado.

Es más importante vencer la procrastinación, tener hábitos perseverantes, tenaces y apegarse a un plan pero con la suficiente flexibilidad para saber exactamente cómo reaccionar ante un sinnúmero de posibles imprevistos, rechazos, fracasos temporales o cambio de situaciones externas.

No forzar las cosas y tomar el camino de menor resistencia no significa que no tengamos que hacer una gran cantidad de trabajo para lograr lo que queremos o necesitamos. Pero actuar más con esa especie de perseverancia relajada (y no con ansiedad por cumplir cronogramas y fechas de logros que son inflexibles) como lo hace la Naturaleza, sin desanimarse por “fracasos” temporales, genera que el proceso sea más disfrutable y que nuestras jornadas diarias no se nos conviertan en un infierno  personal o algo que termine asfixiándonos a tal punto que tengamos que renunciar a nuestros objetivos originales.

Sin prisa pero sin pausa

En los proyectos personales, tener disciplina con los horarios diarios es mucho más importante que las fechas finales para alcanzar logros. Probablemente esa frase sea muy complicada de entender si se aplica, por ejemplo, cuando de entregarle algo a un cliente en nuestro trabajo se trata; pero en los proyectos personales, tener fechas demasiado estrictas para lograr objetivos se convierte en una fuente de presión… y de frustración cuando llegan los imprevistos (y siempre llegan).

Aprender a priorizar la disciplina diaria (con horarios realistas que tampoco nos generen innecesario desgaste físico o mental) sobre las fechas de consecución de resultados, es algo muy clave en el desarrollo personal.

Al final del día, aunque suene un poco cliché, lo más importante al emprender nuestros planes personales  no es tanto el resultado final (que puede ser totalmente inesperado o contrario) sino el proceso de la ejecución. Si disfrutamos eso, el balance final para nuestra alma (y como personas en general) será positivo de cualquier manera.