Nicolás Maduro comienza la etapa más álgida. ¡Qué Dios ayude al continente!

Justo en estos días Maduro inicia en Venezuela otro periodo presidencial que quién sabe cuándo acabará. Será la etapa más álgida de la era chavista y las consecuencias las sentiremos en toda la región latinoamericana. Y no tanto por el mismo Maduro que no es más que un títere del régimen cubano, sino por el definitivo envolvimiento de Rusia y China en la región que nos meterá de lleno a ser protagonistas del estresante escenario global que parece conducirnos irremediablemente hacia una guerra entre potencias (y ojalá los ángeles eviten el desenlace de episodios nucleares).

La ineptitud de los gobiernos latinoamericanos (e incluso del propio Donald Trump) ha permitido que la dictadura venezolana escale a tal punto que ya es prácticamente un bastión militar de la alianza sino-rusa en caso de una confrontación entre potencias.

La hipocresía política (la misma que aísla en el mundo a un país democrático como Taiwán mientras deja que los dictadores chinos se apoderen de la economía y el comercio mundial) y el oportunismo de los petrodólares permiteron que Chávez se convirtiera en líder de la fracasada marea rosa latinoamericana y dejara como penoso legado a Nicolás Maduro, el peor gobernante que probablemente haya tenido Latinoamérica en toda su historia desde los tiempos en que se forjó la independencia de las naciones de nuestra región.

Ahora en esta nueva etapa, muy a pesar de todos los esfuerzos tardíos del Grupo de Lima que me parece que son un simple saludo a la bandera, el dictador se volverá seguramente mucho más represivo, autoritario y manipulador con la asesoría cubana y su corte de criminales comandados por Diosdado Cabello.

¿Qué podemos esperar de esta nueva era de Maduro?

A mi parecer, lo más improbable es que caiga. Lamentablemente Venezuela tendrá dictador para rato.

Muy posiblemente su primer año será más de lo mismo. Ninguna novedad. Seguirá el declive general de la nación.

Después, ante la debacle económica, agravada muy posiblemente por una extrema y fuerte recesión económica mundial, la población venezolana vivirá días apocalípticos extremos con una horrible hambruna similar a la de algunos países africanos, y el éxodo de venezolanos (si es que no imponen visas en Colombia y Brasil, países que tampoco escaparán a la recesión global) será tan generalizado que muy posiblemente el dictador tomará medidas extremas cerrando las fronteras y dejando de expedir pasaportes, excepto a los que tengan permisos especiales.

Más tarde, cuando la recesión global se convierta en depresión, la situación escalará a tal punto que, en medio de un inminente conflicto bélico entre Estados Unidos y la alianza sino-rusa, Maduro accederá a instalar bases militares rusas y chinas en su territorio para desafiar aún más la hegemonía continental de Estados Unidos (que muy probablemente seguirá gobernada después de 2020 por el fiasco aquel de Donald Trump) pero con un interés muy específico de Maduro contra Colombia, Brasil y Guyana (a la que querrá arrebatarle la región del Esequibo que históricamente ha sido reclamada como suya por Venezuela y que aparentemente posee ricas reservas de recursos naturales).

Así que -este 10 de enero de 2019- Colombia, Brasil y Guyana estarán presenciando, en la toma de re-posesión de Maduro, el inicio de la que será tal vez la era más hostil internacionalmente de sus respectivas historias.

Eso sí, Venezuela no es la única fuente de desestabilización en el continente. Cuba sigue teniendo un papel preponderante en dicha desestabilización, pero también el triángulo norte de Centroamérica compuesto por Guatemala, Honduras y El Salvador, países extremadamente corruptos que no sería extraño que doblegaran sus deficientes democracias para servir a los intereses de los chinos y los rusos con el fin de recibir supuestos beneficios económicos y comerciales. Y también está Nicaragua que es también una dictadura de facto. Y Haití, que al igual que en el triángulo norte, sus gobernantes estarían dispuestos a venderle el alma al diablo. Y Bolivia.

Se viene un fuerte remezón para nuestras sociedades latinoamericanas en los próximos 10 a 15 años. Una dura prueba que muy seguramente nos cambiará para siempre. Al final de esta etapa, cuando emerja un Nuevo Orden Mundial con una economía manejada casi en su totalidad mediante criptomonedas, con unos gobiernos títeres de la dictadura corporativa de enormes multinacionales, y una nueva humanidad sometida y manipulada mentalmente por el miedo o por la frivolidad sin sentido y el “entretenimiento” tecnológico, en Latinoamérica algunos nos lamentaremos de como perdimos la oportunidad de convertirnos en la última esperanza de la sociedad global y dejamos tontamente que unos cuantos dictadores, la guerra y las corporatocracias iniciaran, sin remedio, una nueva era distópica de esclavitud global, también en nuestra hermosa y rica región.

¿Sorprende que relacione estos temas con Venezuela? Bueno, al final, todo el entramado político del mundo está relacionado, por increíble que parezca. Pareciera como que el destino está escrito. O por lo menos el guión, y los gobiernos del mundo simplemente se han comprometido a seguirlo.