Onicofagia, ansiedad y constante inquietud mental

Acabo de cumplir 40 años y sigo enganchado con un tonto y aparentemente inofensivo vicio que adquirí desde niño: Comerme las uñas. Posiblemente no sea tan dañino como fumar, arrancarse el cabello o aspirar cocaína; pero si es un síntoma de un estado emocional o nervioso afectándonos a tal punto que nos toca recurrir a las uñas que, al morderlas, sirven como una especie de calmante, aunque suene absurdo.

Guardadas las proporciones, la onicofagia (nombre científico de esta manía) es similar a la adicción al tabaco: Se siente la necesidad de morderse las uñas para liberar tensión o amortiguar las emociones (y no necesariamente malas emociones), y a la vez se siente cierto placer físico haciéndolo; aunque para los que no sufren de esto, dicho placer puede resultar muy difícil de comprender.

He intentando muchas veces dejar este hábito pero no es fácil. Creo que lo que más he aguantando es una semana sin mordérmelas. Muy probablemente no he tenido la suficiente voluntad. Pero es que no se trata de algo trivial. Comerse las uñas se llega a convertir incluso en un hábito inconsciente que, sin importar las promesas que nos hayamos hecho, nos domina de un momento a otro… y cuando menos se piensa, te encuentras con los dedos en la boca mordiendo uñas, cutícula, cueritos y a veces hasta la piel.

Los expertos aseguran que se pueden generar infecciones en la boca y las manos, e incluso deformaciones en los dedos. Yo no creo haber sufrido infecciones pero si recuerdo que en ocasiones he llegado a sangrar al arrancarme los “pellejitos” de los dedos… o a veces me auto-genero un dolor bastante molesto, intenso y duradero al quedar la uña excesivamente corta.

Con 40 años cumplidos,  la onicofagia (algo que se presenta sobre todo en la infancia) no es algo de lo que me sienta orgulloso… al contrario, me molesta bastante esta tonta manía. Por eso, necesito urgentemente deshacerme de ella. Y claro, hay que ir más a la raíz del problema, la cual no está precisamente en el nivel físico.

En mi caso podría decirse que es una mezcla de nerviosismo, ansiedad y excesiva inquietud mental.

Por naturaleza, soy bastante propenso a sentir “nervios”, ya sea por alguna situación preocupante, pensamientos anticipatorios o situaciones que me sacan de mi zona de confort. Igualmente, tengo el bendito problema de volverme excesivamente ansioso (a veces de una forma irracional) cuando sé que va a pasar algo pero desconozco cual será mi reacción exacta o la reacción de los demás.

Y por último, la inquietud mental o excesiva divagación es otro caldo de cultivo para la onicofagia y, en mi caso particular, creo que es tal vez la principal causa de que me coma las uñas. Dicha divagación es una condición para la cual debo tomar medidas urgentes pues, aunque siempre la he tenido, últimamente me está afectando en varias otras cosas (como por ejemplo, teniendo noches donde me es extremadamente difícil quedarme dormido, no importa que tan cansado esté o incluso si tengo sueño atrasado; todo por andar pensando más de la cuenta).

La divagación mental excesiva es un grave problema que algunos tenemos; problema al que tal vez los médicos y sicólogos no le han dado la suficiente importancia más allá de tratamientos con calmantes que no van a la raíz del asunto. Diría incluso que esta condición no sólo puede causar adicciones (leves o graves) como la onicofagia, sino que también se interpone en el grado de bienestar general que puede experimentar una persona.

Divagar con moderación ayuda a encontrar soluciones a los problemas, entrena la memoria y ayuda a mantener sanas las conexiones neuronales del cerebro; pero divagar en exceso y especialmente de una manera caótica pasando con gran velocidad de pensamientos trascendentales a trivialidades o tonterías de la menor importancia (como me suele suceder) es algo que puede perjudicarnos mucho.

Por eso, al investigar y leer sobre la onicofagia, he concluido que necesito con cierta premura adquirir algún tipo de control (meditación quizás) que permita aquietar la mente cada vez que lo necesite, tal vez no  poniéndola totalmente en blanco (cosa que la verdad no sé si realmente se pueda hacer al 100%), pero si disminuyendo al máximo el flujo de pensamientos caóticos que no me dejan descansar en el grado necesario y que agravan los inconvenientes del sistema nervioso y los casos de ansiedad.

Dicen algunas personas que entre menos se piensa, más feliz se es. Y creo que es verdad. Y aunque  prefiero ser un realista pensante que un tonto feliz, la verdad es que pensar demasiado también es tonto: Tiene el potencial de hacernos preocupar incluso de cosas de las que no tenemos absolutamente ningún control o de situaciones futuras que a lo mejor nunca se llegan a presentar.

Así que la meta es dejarme de comer las uñas pero, sobre todo, dejar de pensar tanto… y lograr volver a dormir muy profundamente todas las noches, cosa que actualmente se me ha convertido en una rareza como si el cerebro no me dejara dormir del todo casi nunca, manteniéndome en un estado nocturno que no alcanza a ser un sueño profundo pero tampoco una vigilia total.

Ya veré que pasa.