Pena de muerte para asesinos

Anteriormente pensaba que la pena de muerte era algo extremo y que, debido a la imperfección de nuestros sistemas de justicia, también era demasiado inaceptable y arriesgado desde el punto de vista moral y ético. Pero hoy en día, al ver cómo cada cierto tiempo nos estremecemos por las noticias de crímenes horribles que, incluso, frecuentemente involucran niños, estoy convencido que condenar a los asesinos a la pena de muerte es algo más que justo, por supuesto diferenciando los asesinatos de las muertes causadas accidentalmente o sin intención real.

Y es que, ciertamente, no hay forma de que un asesino repare el daño que ha hecho al cegar la vida de una o varias personas intencionalmente. Distinto a otros delitos como el robo o la calumnia que son reparables en casi todos los casos, al menos hasta cierto grado.

El asesinato de otro ser humano es el peor de los crímenes que una persona puede cometer. Y aunque jurídicamente es común que se haga diferencia entre asesinato y homicidio (siendo este último una forma de delito más leve por decirlo de alguna forma), una persona que mata a otra, independientemente del grado de alevosía o ensañamiento, debería ser tratada como el peor criminal. Eso sí, respetando el debido proceso y cuando se PRUEBE en franca lid que realmente sí hubo un asesinato con la debida intención. Sería aberrante condenar a la pena de muerte a alguien a quien no se le ha podido probar su intención real de matar (o que al menos no haya confesado su crimen).

Hay casos donde el victimario alega ira o intenso dolor, cuando se pierde la cabeza debido a una coyuntura, pero en mi opinión eso no es excusa. Matar a otro ser humano necesita de demasiada irracionalidad que en una persona promedio con una ética suficientemente desarrollada no es para nada aceptable.

Matar a otro ser humano sólo debería ser admisible cuando se trata de la defensa propia, o de la defensa de los seres queridos, o de otro ser indefenso, o incluso de la defensa de la sociedad (lo que validaría en sí la pena de muerte para asesinos). Pero esa defensa debe ser coherente y proporcional. Si se mata a otro por defensa, es porque esa persona amenazaba presumiblemente la vida propia o la de los defendidos. Si uno se siente realmente amenazado por un ladrón con un cuchillo y lo mata al forcejear, por supuesto que eso no debe ser considerado nunca como asesinato.

Hay casos horrendos de asesinos que incluso han salido de la cárcel después de pagar algunos años. ¿Cómo se puede admitir eso? ¿O con que excusa, por ejemplo, se debe mantener la alimentación y el hospedaje en la cárcel de por vida con los impuestos de los ciudadanos para alguien que ha sido capaz de violar y asesinar a un niño? ¿Es demasiado extremo considerar que este asesino es un ser inservible para la sociedad y que nunca jamás podrá recobrar su mente de la psicopatía necesaria para cometer dicho crimen? ¿De verdad es demasiado extremo pensar que la mejor opción es acabar con su penosa vida de una vez por todas y liberar al mundo de ese horrible ser?

Si amamos la vida y de verdad pensamos que es sagrada, la pena de muerte para asesinos en una sociedad democrática y que respeta los derechos civiles no sería una contradicción, sino al contrario: Sería una reivindicación de nuestras creencias y valores. Y una advertencia implícita para todo aquel que siquiera piense por un momento en quitarle la vida a otra persona.

La definición de asesinato incluye la alevosía, el ensañamiento o la recompensa material como las circunstancias catalizadoras de los asesinos. Cualquiera de las tres es suficiente para justificar la pena de muerte.

Un borracho que maneja un carro y mata a un peatón sin intención no es un asesino, y eso claramente lo pueden diferenciar los jueces. Un tipo que viola a una niña y luego la mata para ocultar su delito es un asesino deplorable y la única forma de reparación que tiene es entregar su propia vida, que aunque en principio también era sagrada, está manchada con la sangre de alguien más. El borracho puede ser un homicida culposo que merece algunos años de cárcel por incumplir las normas y por algún intento de reparación a la sociedad. El asesino de la niña en cambio, no merece ni siquiera la cárcel, ni que los impuestos de los ciudadanos lo mantengan hasta que muera, si es que es condenado a una pena alta o cadena perpetua.

En mi país muchos piden pena de muerte contra los violadores y asesinos de niños. Yo digo que vayamos más allá e instauremos la pena de muerte contra todos los asesinos. No es justo que un criminal pague a un muerto con sólo 20 o 30 años de cárcel donde, mal que bien, come y vive del Estado, mientras su víctima entra al panteón del olvido para siempre.

¡Pena de muerte para asesinos!