¿Por qué Dios permite el sufrimiento?

Esa pregunta se la hacen algunas personas al vivir circunstancias que parecen poner a prueba su fe. Es tal vez inevitable preguntárselo cuando se viven situaciones extremas que resultan irritantes, tristes o angustiantes; o simplemente cuando somos testigos de tanta maldad, desconsuelo y desdicha en el mundo. Me imagino que los ateos (aquellos que supuestamente no creen en Dios) responderían que Dios permite el sufrimiento simplemente porque no lo puede evitar, pues un ser que no existe no puede hacer nada al respecto.

Bueno, personalmente pienso que los que no existen son los ateos. Aunque ellos se empeñen en decir que lo son. Pero eso es otro tema.

La idea de que un Dios amoroso (como lo es para, digamos, los cristianos) permita por ejemplo el sufrimiento de un niño o que una persona bondadosa tenga que vivir duras situaciones durante su vida, es algo que debería ser inverosímil. Pero la realidad suele ser muy cruel en ocasiones. Más de lo que debería permitir un dios supuestamente justo.

Entonces, ¿no hay Dios? ¿Estamos aquí  como unos indefensos seres viviendo unos cuantos años en una vida que no tiene más sentido que la existencia de una piedra? ¿Somos motas de polvo en el Universo sin ninguna trascendencia? ¿Qué sentido tiene tanto sufrimiento si ese es el caso?

En ocasiones trato de imaginar como respondería a esas preguntas un ser humano que está a punto de suicidarse. Y llego a pensar, aplicando la lógica, que aquellas personas llegaron finalmente a la conclusión de que esta vida es todo lo que hay y que, debido a sus circunstancias personales, es un absurdo continuar viviendo. Pero al mismo tiempo pienso que esas personas, aunque estén rehuyendo a los problemas terrenales, deben de tener mucha valentía si se mira desde el punto de vista de que absolutamente nadie puede estar seguro de lo que ocurre cuando morimos y si nuestras acciones son juzgadas o causan algún tipo de karma como muchos piensan.

Personalmente, creo en un Dios como la energía creadora (y destructora) del Universo. Una energía que escapa a nuestra comprensión terrenal. Una energía que es la arquitecta del Cosmos con una precisión matemática que tampoco comprendemos del todo y con un sistema de fuerzas de muchos tipos pero que al final mantienen al Universo en un balance perfecto a pesar de la contraposición entre una fuerza y la otra. Pienso, por ejemplo, que en esta Naturaleza 3D en la que estamos, vivimos en una “dualidad perfecta” en donde fuerzas de oscuridad (de maldad, de destrucción) se están compensando (y tal vez complementando) constantemente con fuerzas de luz (de bondad, de creación).

Al mismo tiempo creo que todo y todos somos parte de Dios. Algo que cae tal vez dentro de las nociones del Panteísmo sin entrar en discusiones demasiado dogmáticas.

De esa manera es como enfrento esas preguntas existenciales. Si en esta Naturaleza en la que vivimos debemos lidiar irremediablemente con esa dualidad, es porque así debe ser. Y el hecho de que deba ser así tal vez no lo podamos comprender totalmente en esta vida pero, si nos ponemos trascendentales, entonces podemos hallar consuelo asumiendo que estamos en una simple etapa de nuestra evolución espiritual y para avanzar necesitamos experimentar este nivel. Algunos logran lidiar con esto de una mejor manera que otros. Visto así, los suicidas, por ejemplo, renuncian a aprobar este “curso” de la carrera espiritual; y claro, lo que pase con ellos después de muertos es un total misterio para nosotros, los que seguimos vivos, aunque nuestros dogmas particulares nos hagan asumir teorías existenciales como ciertas.

Tal vez sea una manera muy tontarrona de ver las cosas -claro, se suponen demasiados asuntos de los que no puedo estar seguro-; pero por ahí leía que los seres humanos tenemos tres instintos básicos: El de supervivencia, el de reproducción y el espiritual. Ese último instinto es el que nos hace cuestionarnos esas preguntas trascendentales que seguramente nunca se le ocurrirán a un perro, ni a un gusano y mucho menos a una planta.

Desde esa forma de ver las cosas, pienso que Dios no es que “permita” o “no permita” el sufrimiento. Esta vida es aparentemente lo único que tenemos ahora mismo para desenvolvernos en el mundo; pero, quizá, esta vida no tiene tanto peso en una hipotética evolución espiritual, aunque si sea necesaria. Y lo más probable es que el sufrimiento es algo inherente a esta vida en esta Naturaleza 3D. No podemos escapar de eso aunque, claro, hay gente que sufre mucho más que otra por motivos que no nos son claros del todo.

A lo mejor, cuando aceptamos iniciar esta vida desde el plano espiritual, aceptamos todos sus posibles sufrimientos y todas las circunstancias que hacen que un ser humano sea tan vulnerable. Me imagino algo así como un contrato… un contrato en donde aceptamos vivir experiencias físicas, mentales y emocionales en una vida que algunas veces pareciera perder el sentido pero a la que también se le añaden todos los elementos de compensación necesarios.

La dualidad es parte de esta vida. Deberíamos aceptarlo. Este mundo, mientras vivamos en el, jamás será un paraíso, pero tampoco se volverá un total infierno. Y a lo mejor, cuando dejemos de rechazar tanto esa dualidad (sufriendo por lo “malo”, y también sufriendo tratando de lograr/conseguir/imponer lo “bueno”), y la aceptemos como parte irremediable de esta vida en un equilibrio perfecto, nos podríamos concentrar en tratar de vivir una vida llena de experiencias físicas, mentales y emocionales que nos ayudarán en nuestra evolución espiritual. Tal vez, de eso se trata todo esto.