¿Qué voy a hacer? – Empleados de la empresa de la vida

Periódicamente llega ese momento en la vida. Nos preguntamos ¿y ahora qué hago?  Es un momento difícil de digerir. Un momento en donde nos sentimos confundidos. Una pelea entre la mente y el alma.

La verdad es que siempre debería ganar el alma, pues es más poderosa, más reverencial, más sabia, más trascendental. Pero no es raro que la mente se imponga. Porque la mente también es poderosa (aunque menos), y la mente es maestra en el engaño, y es maestra en el arte del convencimiento.

Tenemos tres empleados destacados en la empresa de nuestra vida: El cuerpo, la mente y el alma.

El cuerpo es aquel coordinador joven, muy eficiente, que se desempeña como relacionista público; está encargado de nuestra imagen ante el mundo y del buen funcionamiento de muchos procesos internos; hace un buen o mal trabajo dependiendo de cómo lo tratemos; hay que tratarlo bien para que rinda.

La mente es una directora de rango medio, cuarentona, sagaz, inteligente, que nos ha sacado de muchas situaciones difíciles, pero que también es una zorra audaz que incluso puede ser hipócrita cuando le conviene; sabemos que no nos podemos fiar de ella totalmente; sin embargo, no podemos despedirla porque nuestra empresa depende demasiado de ella y, para ser honesto, es una gran trabajora, sumamente eficiente y eficaz; sin ella, simplemente la empresa no funciona. Pareciera que todo lo que se propone, lo consigue.

El alma es una alta ejecutiva entrada en años que es muy sabia, fiel, sensible, honesta, sentimental, confidente, confiable; es una empleada experta a la que, debido a la influencia de la mente, a veces no escuchamos, incluso a sabiendas de que a la larga va a tener razón; en el fondo es nuestra empleada favorita pero la mente muchas veces nos envuelve para que desechemos sus consejos.

Así es. Preferimos mucha veces hacerle caso a la astuta, frívola y engañosa mente.

Mente y alma tienen una relación difícil. En apariencia es una buena y cordial relación, pero en la realidad hay mucha tensión. El alma sabe cómo es realmente la mente, sus juegos y sus triquiñuelas. La mente sabe que el alma está al tanto de sus intenciones y por eso siempre trata de opacarla. Por conveniencia, tratan de mantener la relación laboral en buenos términos, aunque en algunas ocasiones los conflictos hacen estallar de ira, arrogancia o pesimismo a la mente; estos estallidos, debido a su alta sensibilidad, generan una reacción de perplejidad en el alma (que, como era de esperarse, es el alma de la empresa) ocasionando que tomemos malas decisiones debido a que la mente hace más ruido y parece más relevante y, como consecuencia, toda la empresa empieza a funcionar mal, se vuelve una empresa triste. Incluso, el cuerpo se afecta con esta situación porque él quiere siempre que todo funcione a la perfección en pro de la buena imagen y capacidad de la empresa, pero este conflicto se le escapa de las manos y, afectado por la situación, termina por bajar su rendimiento. A decir verdad, al cuerpo le simpatiza mucho más el alma, pero su jefa directa es la mente y debe obedecerle aunque a veces de mala gana.

¿Qué voy a hacer? Espero, como el gerente general de esta empresa, hacerle caso a mi alma esta vez.