Realidad limitada

Nuestros sentidos sólo captan una parte de la realidad. De hecho es una parte bastante limitada. No podemos ver toda la realidad. No podemos oír toda la realidad. No podemos palpar toda la realidad. Tampoco somos capaces de sentir el rango total de sabores u olores que existen.

Por lo tanto la realidad que percibimos es una realidad distorsionada por la omisión o la incapacidad de sentir. Y por lo tanto, el subconjunto de la realidad (que para nosotros pareciera que es todo lo que existe), es sólo una interpretación subjetiva en nuestro cerebro de la realidad total.

Todo lo que no podemos captar directamente con nuestros sentidos  se divide en dos:

1- Una parte científicamente comprobada, que es aquella de la que tenemos certeza porque la ciencia nos la prueba. Por ejemplo, las ondas de radio que no podemos ver ni oír sin ayuda de aparatos pero es evidente que existen y que de hecho usamos en nuestro beneficio.

2- Otra parte que no hemos podido comprobar. Frecuentemente, partiendo de supuestos sucesos que parecen no tener explicación, se le pone etiquetas como algo “paranormal” o “sobrenatural”. Pero la verdad es que no existe lo paranormal ni lo sobrenatural. Nada en esta realidad 3D puede saltarse las reglas de la Naturaleza. Pero, obviamente, como raza humana, hay muchísimas cosas que aún ignoramos, aunque hoy en día ignoramos mucho menos que nuestros antepasados (para muchos de los cuales hasta la lluvia, los eclipses o ciertas enfermedades podían llegar a ser paranormales o sobrenaturales).

Hay otra realidad que es paradójica. Es una especie de realidad metafísica. La podemos sentir pero, frecuentemente, no podemos (o no sabemos aún) usar la ciencia para comprobarla. Esa realidad abarca, por ejemplo, algunos sentimientos y conexiones espirituales con objetos, personas o dogmas. Es una realidad evidente pero que nos desconcierta. Tal vez pasará mucho tiempo antes que podamos explicar dicha realidad mediante fórmulas matemáticas (si es que algún día lo logramos).