Relaciones Estados Unidos y Cuba: Vilipendiando la Democracia

Estados Unidos es un gran país. Y no sólo en extensión. Hay muchas cosas destacables en aquella nación. Personalmente siento una gran admiración por Estados Unidos. Aún siendo colombiano, Estados Unidos ha sido el país que me ha proveído de oportunidades para desarrollar mi carrera y, aunque tal vez no sea una sociedad tan “perfecta” como la de los países nórdicos, es claro que la gente que vive en Estados Unidos goza de un estilo de vida con muchas ventajas al compararse con el de la mayoría de los demás países del mundo. Sin embargo, eso no quita que los gobiernos de Estados Unidos y, particularmente su política internacional, tengan y hayan tenido siempre muchas cosas criticables y demasiadas contradicciones.

Hace unos pocos días se dio a conocer al público la sorpresiva reanudación de relaciones entre Estados Unidos y Cuba (sin profundizar mucho sobre el tipo exacto de relaciones) después de décadas de rompimiento político reforzado por un embargo económico a la isla. Algo que nos dejó anonadados a algunos y, al parecer, muy contentos a muchos otros más. Pero, ¿en verdad hay algo que celebrar?

A pesar de los principios bajo los cuales supuestamente se ha construído la sociedad estadounidense (relacionados con las libertades del individuo y particularmente con la democracia), el gobierno de aquel país ha mantenido una estrecha alianza con regímenes claramente autoritarios (como el de Arabia Saudita por ejemplo) por razones netamente económicas y geopolíticas mientras ha tolerado, con una pasividad desesperante, el ascenso paulatino de China y la Rusia post-soviética a sabiendas de que en aquellos países la democracia es un chiste. Es más, ha tolerado que China se convierta en la fabrica del mundo y surja como una potencia aparentemente imparable  al permitir, sin hacer mayores esfuerzos por impedirlo en su legislación, que muchas empresas pongan filiales de ensamble y montaje allí, buscando un mayor ahorro en costos laborales,  primando por supuesto la ganancia económica sobre las libertades políticas e incluso sobre la dignidad humana (las condiciones laborales muy deficientes son sólo un ejemplo).

Una superpotencia y líder global que quiera tener una verdadera superioridad moral debería usar su poderío para implantarse como un faro de la democracia y un guardián de la libertad humana. En un mundo ideal, probablemente lo mejor sería que ese papel lo interpretara las Naciones Unidas. Pero ante la evidente debilidad de esa institución (que ni siquiera tiene un ejercito poderoso capaz de controlar militarmente a cualquier nación), la responsabilidad recae implícitamente sobre Estados Unidos. Con un gran poder, debería venir una gran responsabilidad.

Pero el gobierno de Estados Unidos históricamente ha quedado mal en esa responsabilidad. Han primado intereses egoístas que muchas veces ni siquiera tienen que ver con preservar beneficios para el ciudadano estadounidense promedio o para beneficio de otros países que han apostado por la democracía teniendo a Estados Unidos como aliado (y a veces como modelo de desarrollo).

Ahora se asesta un nuevo golpe. Reanudar relaciones con Cuba es como relacionarse con un vecino en el barrio o vecindario a sabiendas de que es un secuestrador, en vez de denunciarlo a las autoridades.

Contradictoriamente esto pasa justo en el momento en que se toman medidas contra funcionarios del gobierno de Venezuela (que a pesar de todo lo que pasa allí, se supone que al menos se pueden celebrar elecciones democráticas aún).

Y curiosamente, se toma esta decisión drástica por parte del Presidente Obama para acercarse al régimen de los hermanos Castro en Cuba cuando se había sido tan renuente a cosas que podrían ser incluso más comprensibles como el relajamiento del embargo económico por razones humanitarias o la aceptación de Cuba en la OEA para mantener la puerta al diálogo con ese régimen y tratar de influir en el restablecimiento de la democracia desde el escenario de un foro político multilateral sin necesariamente reanudar relaciones bilaterales con un país bajo una dictadura como indiscutiblemente lo es Cuba.

Ninguna nación democrática debería tener relaciones diplomáticas con Cuba. Es más, ninguna nación democrática debería tener relaciones políticas (y ni siquiera hacer negocios) con China o Rusia. Ese relajamiento de la convicción democrática nos tiene ahora en peligro de caer en el totalitarismo global, especialmente si el “mundo libre” sigue recibiendo golpes destructores por cuenta de fuertes recesiones económicas, revueltas violentas o crisis de valores. Tener relaciones con esos gobiernos autoritarios sólo hacer ver a los líderes del mundo occidental como una partida de hipócritas, particularmente cuando dan discursos anuales en la sede de la ONU acerca de los derechos civiles y las libertades del ser humano. Discursos vacíos a la larga.

Es triste, pero los intereses financieros y geopolíticos siguen primando (con gran supremacía) sobre los intereses humanos de poder vivir como queremos vivir sin que nadie nos imponga nada y respetando los derechos de los demás seres humanos. Toda esa gente que vive en aquellos países bajo regímenes autoritarios merece una mejor vida… pero al mundo democrático parece importarle cada vez menos.

A pesar de ser la especie más inteligente en este planeta, no hemos podido usar la inteligencia aún para construir sociedades con principios realmente avanzados. Es como si nos siguiéramos comportando como una sociedad de primitivos donde lo importante es satisfacer el avance material (y en últimas los instintos primarios) y por eso poco importa tener que poner una fábrica en China y hacerse los de la vista gorda ante el autoritarismo del Partido Comunista en ese país, siempre y cuando las multinacionales puedan obtener sus ganancias. Incluso no importa si las industrias de Occidente se debilitan al no poder competir con los grandes niveles de productividad (léase bajos salarios) de China.

Me queda una gran duda sin embargo:

¿Será posible que el acercamiento a Cuba tenga que ver con el advenimiento de una posible confrontación entre Estados Unidos y Rusia ante la escalada de tensiones políticas entre los dos países y lo que esté buscando el gobierno americano es minimizar los efectos de un posible aliado ruso muy cerca de sus fronteras?