Ser diferente nos conduce a la soledad, pero no necesariamente nos condena

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Desde muy pequeño he tenido algunos inconvenientes para pensar y actuar de la forma convencional. No es que tenga algún problema de entendimiento o algo por el estilo. Es más como la forma en que proceso las cosas. O no estoy muy seguro, pero por alguna razón, mi forma de ver las cosas, de entenderlas y mis intereses en la vida no están muy en línea con los de la gente “normal”. Por supuesto, no soy muy especial. Se que hay personas en la misma condición, pero de cualquier manera, somos una minoría. Somos los “raros”. Y parece congénito. Para mal o para bien.

A lo largo de mi vida he tratado de entenderme a mi mismo. De buscar por cuál razón tengo ciertas particularidades que me han traído alguno que otro inconveniente menor, como el hecho de que me cuesta socializar de la manera convencional o que es muy difícil para mi ciertas cosas que para los demás son muy normales como detectar en algunos casos el doble sentido en lo que la gente dice o protocolos sociales que a mi juicio son un poco inútiles o simplemente tener charlas sin otro propósito que pasar el tiempo.

Me he esforzado. Sin duda. Aunque no hablo mucho de estas cosas con terceros, si he investigado a fondo y de hecho he conocido algunas personas parecidas o leído sobre ellas. Me he interesado en temas diversos que podrían tener relación con esas características como la timidez, el síndrome de Asperger, las fobias sociales, agorafobia, las diferentes clases de autismo, trastornos de personalidad, trastornos obsesivos-compulsivos, etc.

Sin duda, en algún momento de mi vida llegué a pensar que había algo mal en mí. No sólo por lo ya descrito sino por ciertas manías también muy particulares que he tenido desde niño: La constante tendencia a hacer cálculos mentales de cosas que a veces ni siquiera son útiles o prácticas, la casi incapacidad de llevar a cabo cualquier tarea en el estudio o trabajo si no tengo un horario preestablecido para las actividades del día, cierta obsesión con hacer las cosas a una determinada hora en punto con poca flexibilidad y la inclinación por diseñar ordenados “sistemas” de como proceder a hacer algo incluso para las cosas más básicas e insignificantes (por ejemplo, para lavar los platos).

En Internet he visitado innumerables foros que tratan de estas manías tratando de identificar mi “problema”. Y aunque he identificado algunos patrones, hay algo que sin duda me hizo abrir los ojos frente a este asunto y mi percepción sobre mi mismo.

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En dichos foros de Internet, me di cuenta que mucha de esa gente “rara” sufre por su condición. Parece que tuvieran una enfermedad. Se sienten mal porque creen que, como pensé alguna vez, hay algo malo en ellos. Que triste eso, de verdad.

Hoy en día, creo que ese el real problema. Ser diferente no lo es. El problema es creer que hay algo malo con ser diferente. Si te aceptas y amas a ti mismo como eres, empezarás a ver las ventajas de tus “rarezas”. No hay nada malo en ser poco convencional. Lo malo es tratar de ser convencional solo por el simple hecho de encajar o para agradar a los demás. Eso es patético.

En mi caso, antes las dificultades de socialización, siempre he sido de muy pocos amigos. Pero he sido terriblemente afortunado: He encontrado muy buenos amigos y conocido muy buenas personas. Tal vez tenga que ver  el hecho de que cuando uno es poco sociable, los amigos que encuentra son el resultado de una gran dosis de confianza y autenticidad.

Por otro lado, disfruto de estar conmigo mismo. La soledad no es para mi algo que conduzca a la depresión o algo negativo o algo que me haga sentir que me estoy “perdiendo la vida”. Al contrario, disfruto tanto la soledad que muchas veces la busco pro activamente y eso, desde pequeño, me ha hecho amar placeres benéficos para la mente y el alma como la lectura y la escritura, el conocerse a mi mismo, meditar las acciones con responsabilidad o simplemente pasear y descubrir por mi mismo la belleza de la Naturaleza sin tener un exceso de distracciones o sin necesitar estar todo el tiempo acompañado.

Tal vez nunca llegue a ser el hombre más carismático del mundo. Pero hoy en día me siento muy contento de ser quien soy y como soy. Amo mis rarezas y las amo porque me han dado una forma de ver la vida de la que me siento orgulloso. No hay ningún problema en ser diferente. El problema está en que no aprendas a disfrutar y sacar ventaja de serlo.

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