Sobre el miedo a la muerte… y al dolor

Ahora que cierta situación de salud de una persona cercana nos ha tocado directamente, he pensado mucho sobre la gran importancia del cuerpo y su papel fundamental en la vida que nos toca vivir. El cuerpo material no es menos importante que nuestros pensamientos o emociones. Somos un sistema de tres componentes: Cuerpo, mente y alma, que unidos producen una especie de avatar para desempeñarnos en este espacio-tiempo. Cada componente está en un nivel diferente, y eso no significa que un nivel sea más importante que el otro. Nuestro cuerpo material no es menos importante que nuestros pensamientos o emociones. Mantener el cuerpo sano, saludable, limpio e incluso atractivo sin caer en extremos es tan vital como mantener la mente con pensamientos sanos o el alma libre de emociones destructivas.

Nuestro cuerpo es una máquina natural maravillosa, increíblemente resistente, casi milagrosa si tenemos en cuenta la gran cantidad de virus, bacterias y amenazas a las que se enfrenta una persona promedio a diario. Y al mismo tiempo, el cuerpo puede llegar a convertirse en la barrera más grande de superar para una persona que se aferre a la vida pero que tenga que enfrentarse con una enfermedad grave.

Los hábitos saludables son recomendables, aunque nadie puede decir que son una garantía para tener una larga vida con pocas dolencias físicas. Sabemos que tarde o temprano nuestro cuerpo empieza a decaer y como todo en la Naturaleza se empieza a debilitar hasta su fin. No importa si llegamos a viejos con una tremenda lucidez o llenos de paz y tranquilidad en nuestra alma. Para incluso la persona más feliz del mundo que haya vivido una buena vida llena de satisfacción, el cuerpo impone al final la voluntad de la madre Naturaleza.

Muchas veces y de manera anómala la enfermedad ataca fuertemente poniéndonos en situaciones muy tenaces. A veces se logra vencer la anomalía, pero otras veces no. A veces la batalla es terriblemente dolorosa y al final se pierde.

Creo que no le tengo miedo a la muerte, aunque eso suene demasiado presuntuoso. A lo que le temo es al sufrimiento previo. Más específicamente al dolor físico que termina por debilitar la mente y angustiar el alma. Más aún, termina por angustiar el alma de otras personas que están alrededor  como la familia, parientes cercanos y amigos.

Morir con agonía me asusta mucho.  O que un ser querido muera con agonía. Preferiría morir en una explosión, atropellado o algo súbito cuya drama no durara más que unos pocos minutos. Dichosos aquellos que mueren en serenidad durante su ancianidad y cobijados bajo un pacífico sueño.

Personalmente creo (como una especie de dogma) que nuestro día final ya está decidido espiritualmente incluso desde antes de nacer, pero no la forma de morir. Nuestros avatares, sin embargo, no saben cuándo será aquel día final, una fecha inmodificable que culmina un plazo suficiente para haber completado la misión de nuestras vidas. No hay prorrogas. Así dicha misión haya sido un fracaso.

¿Tenemos manera de influir en la forma de morir que nos toque? Creo que podemos tratar aunque no hay ninguna garantía. Pero honrar nuestro cuerpo con los cuidados necesarios en la alimentación, la actividad física y el sueño aumenta la probabilidad de evitar esa temida agonía del final de nuestros días. También el control de nuestra mente y nuestras emociones importa… importa demasiado. Debe haber una gran correlación entre las enfermedades y las preocupaciones o emociones negativas como el miedo. No me extrañaría que la mayoría de enfermedades se originen en la mente o el alma.

Pido al Universo, a los ángeles, o al ser que corresponda que la agonía física este lejos de mí y de los míos.  Prometo tratar de mantener buenos hábitos. Y también prometo tratar de controlar mi mente y mi alma para disminuir cualquier impacto negativo en mi cuerpo.

Tal vez no sea así y terminaré mis días con horribles dolores postrado en una cama. Pero quiero creer que es posible que el último día termine con un sueño pacífico y un alma satisfecha. Quiero creerlo.

Pido también que esta persona cercana que está sufriendo, tenga un alivio pronto. No sé si su día final está llegando. Si es así, que sus dolores le den al menos un respiro y un alivio temporal para que su alma tenga la oportunidad de llenarse de paz antes de partir. Si no es así, que se cure totalmente y su sufrimiento se desvanezca para que pueda seguir viviendo plenamente. Lo pido de corazón.