Sobre redes sociales y el sinsentido

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Actualmente (2014) existe una especie de ebullición y  locura colectiva  en el uso que los seres humanos le estamos dando a Internet (en particular a los dispositivos móviles). Y en especial, en el uso que se le da a la red de redes para interactuar con otros seres humanos. Hablo por supuesto de las muy ahora usadas redes sociales, en especial de 2: Facebook y Twitter.

La idea general es buena y hasta noble: Plataformas en línea de interacción humana con un buen grado de libertad para decir o expresar -por medio de texto,  imágenes o videos- lo que se quiera y, al mismo tiempo, con la posibilidad de compartir los pensamientos o publicaciones de un tercero generando un efecto viral.

Pero esta idea tiene ahora tanto de blanco como de negro cuando sigue su curso un proceso que parece inevitable: La masificación de su uso. Y no es que sea malo per se que algo se masifique. Lo que pasa es que con la masificación ha llegado a las redes sociales el terrible acondicionamiento casi automático que tienen hoy en día la mayoría de los miembros de nuestra sociedad y al cual somos expuestos desde muy pequeños. Un acondicionamiento rodeado de estupidez que se expresa en exceso de frivolidad, muy poco raciocinio y un ego deformado que sobredimensiona extremadamente la preocupación de “como nos ven los demás”.

Por esa razón he cesado de usar en gran medida las redes sociales. Cerré mi cuenta de Facebook cuando, lo que empezó como una forma interesante de compartir publicaciones, interactuar con amigos y extraños o informar algunos pocos eventos de la vida privada que honestamente creía que podrían interesarle al grupo de personas que hacían parte de mi red particular, se convirtió poco a poco en un sinsentido de publicaciones frívolas e inútiles donde unos parecieran competir por ganarse el campeonato de ego o de  quién es la persona más feliz y realizada, otros descargan allí tanta mala energía que el sólo ver sus notificaciones lo ponen a uno nervioso, y unos más publicando cuanta estupidez (supuestamente chistes) les pasa en la cabeza o les llega a sus cuentas (muchos en forma de “memes”). Para ser justos, a veces uno puede encontrar cosas interesantes en Facebook y de vez en cuando es agradable interactuar con viejos amigos, compañeros o familiares con los que no se tiene ya mucho contacto real. Pero yo diría que la proporción es de 8 a 2: Por cada 2 cosas interesantes y útiles hay 8 publicaciones baladíes que compiten por el galardón de la categoría de “mira que triunfador soy” o “ay mira que divertido y bobo soy”.

Por otro lado, Twitter, aunque tiende a ser un poco más reflexivo (tal vez por el hecho de que se basa  mayormente en texto y no tanto en imágenes como pasa con Facebook), la masificación ha hecho que también se caiga en un exceso de frivolidad y algo que particularmente me irrita: Un afán de mostrar que se es, hmm… como decirlo, “el más irreverente del mundo”. Lo curioso es que mucha de esa irreverencia viene en forma de textos copiados (de terceros) y muy poca originalidad y son publicados por personas que probablemente tengan la vida más convencional y aburrida del mundo o por ese tipo odioso de gente que predica pero no aplica. Pero, de cualquier manera, parece que Twitter es un medio un poco más útil que Facebook y por eso no he cerrado mi cuenta allí. En especial, hay algo que me encanta de Twitter: Cuando escucho un rumor de que ha pasado algo importante en el mundo o el país, me entero en pocos segundos de los detalles tan sólo buscando las palabras claves en Twitter. Eso es una característica realmente útil de esta red social.

Ahora bien, cualquiera podría decir que no tiene sentido quejarse de las redes sociales, porque al fin y al cabo uno puede seguir o aceptar como “amigo” sólo a quien quiera o a quien le parezca interesante.

facebook-inutilEso es verdad. En mi caso, tuve dos veces cuenta en Facebook: La primera vez agregué y aceptaba a cualquier persona con la que hubiera tenido el más mínimo contacto en el pasado, así fuera un simple e-mail porque, claro, tener el mayor número de “amigos” en Facebook  es muy cool. El resultado: Al principio, en los comienzos de Facebook, fue realmente interesante… pero, a medida que esto se masificaba, terminé con un muro lleno de fotos de bebés (difíciles de distinguir, pues todos parecen el mismo niño), memes con chistes idiotas, fotografías pretenciosas, molestos quejetas por doquier y enterándome de que comen los demás como si fuera la noticia del día.

Después de eliminar la cuenta y de un receso de unos 3 meses, la segunda vez empecé desde cero y agregué solo las personas que me parecían “interesantes” o gente realmente allegada: Amigos y familiares (o sea que el número de mis contactos no sobrepasaba los 200). El resultado: De nuevo la tendencia a que las personas interesantes se contagiaran de la estupidez de sus “amigos” y entraran al concurso de ego / felicidad o “crítica social” sectaria, gente que me enviaba mensajes preguntando por qué no la aceptaba (y que yo terminaba aceptando por no herir susceptibilidades) y estar muy pendientes de quien cumple años para enviar saludos (parece ser como una norma); no faltaba el que cuestionaba sutilmente porque se restringía la privacidad del muro privado (el perfil) para que no todo el mundo pudiera escribir tonterías allí. Y claro, al ser Facebook una red que viraliza contenido, casi la cuarta parte de las publicaciones terminan siendo tonterías de terceros que uno no quiso agregar pero que llegan al muro por obra y gracia de los amigos que comparten dicho contenido. Entonces, ¿cuál es la utilidad real de tener cuenta en esta red con cuestionados manejos de la privacidad de los datos de sus usuarios?

Decidí entonces eliminar definitivamente mi cuenta personal de Facebook. Sigo conservando un perfil “secreto” con datos falsos sólo porque lo necesito como programador de aplicaciones y administrador de algunas fan pages de negocios y empresas que son clientes. Pero eso es trabajo.

Mantengo mi cuenta de Twitter sin publicar mucho allí aunque si dando RT (retweet) a cosas que me parecen interesantes o pertinentes, pues, aunque las publicaciones regulares de los usuarios son en su mayor parte un sinsentido para perder el tiempo (por ejemplo: fans de Apple diciendo que el nuevo teléfono les cambió la vida y bla bla bla, chistes sin mucha gracia, tweets aburridos de fútbol, bullying contra celebridades y noticias normales de  los medios tradicionales o algunos websites especializados cuyas cuentas sigo), cuando hay hechos noticiosos es una buena plataforma para enterarse de los detalles, ya sea leyendo los cortos mensajes, o haciendo click en los links que comparte la gente.

Hay que reconocer que en Twitter se encuentra uno a veces gente muy ingeniosa con sus publicaciones y eso también hace a esta red muy atractiva. Además, esta plataforma se ha convertido en algunos  casos en una buena herramienta de presión social frente a gobiernos, empresas o autoridades, lo cual demuestra una real utilidad.

Veremos como sigue evolucionando esta idea de las redes sociales, que a pesar de todo el sinsentido, sigue siendo bastante potente.

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