Superar la mediocridad

Ser promedio es lo normal. Se supone que la mayoría de las personas son personas promedio, con una vida convencional. O sea que la mayoría de las personas viven una vida mediocre, aunque esa palabra tenga una connotación negativa.

Algunos (tal vez más de los que deberían) viven una vida “por debajo del promedio” con demasiadas carencias, importantes taras mentales, pobreza extrema, adicciones destructivas, excesiva maldad que los hará tristemente célebres o una vida dominada por el miedo a todo y a todos.

Y una minoría viven vidas destacables, que se salen de lo convencional, bastante productivas, con frecuentes impactos emocionales en ellos mismos y en los demás. Vidas que parecen haber encontrado aquella misión que todos poseemos espiritualmente. Una vida que supera la mediocridad y el resquicio que nos separa de ser simples animales que buscan satisfacer necesidades básicas y nos pone en el plano más elevado de ser seres trascendentales cuya vida está llamada a influir de manera positiva en este mundo con un impacto que incluso trascienda un poco más allá las fronteras de la muerte.

¿Cómo llegar a ubicarse en este último grupo? ¿Se necesita tener mucho dinero? ¿O una apariencia física espléndida? ¿O una inteligencia extrema? ¿O hacer todo lo necesario para ganarse la aprobación de los demás?

Creo que no se necesita nada de eso. Creo que la mayoría de las veces es más bien, como ya se dijo, una cuestión de misión. De tener el convencimiento directo o indirecto de que debemos llevar a cabo esa misión en el transcurso del tiempo que durará nuestras vidas. Y  una vez se tenga la misión y el convencimiento, entonces es necesario aplicar lo que se debe aplicar en cada proyecto que llega eventualmente a ser exitoso: Perseverancia y el correcto timing.

Dicho eso, mucha gente ha trascendido sin saber exactamente cuál era su misión. Incluso hay personas cuya misión es tan específica que parecieran que sus vidas son totalmente manejadas acorde a la voluntad de seres superiores o el destino. Un niño que muere es un ejemplo. ¿Qué misión tenía la vida de alguien que muere a una temprana edad? Difícil de comprender, pero muy seguramente hasta aquella corta vida tenía una misión.

Otros deciden seguir un fuerte llamado interno que los impulsa a buscar experiencias y obrar de maneras que hacen que vayan cumpliendo su misión. No necesariamente saben el objetivo de sus vidas pero aquel impulso espiritual les muestra el camino y ellos simplemente toman las decisiones que los llevan en la senda correcta.

Superar la mediocridad no es sencillo porque ser mediocre es cómodo y a los seres humanos nos gusta mucho, naturalmente, la comodidad. Eso no significa que para superar la mediocridad debamos vivir una vida llena de asperezas, infortunios o enormes esfuerzos en todo sentido. De hecho, cuando se tienen metas, la mayoría de las veces el camino de menor resistencia es el mejor.  Pero son necesarias la tenacidad y las correctas decisiones, algo que se enmarca con aquella frase cliché que dice “lucha por tus sueños”.